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>> Envío
especial para los suscriptores mejicanos
medios alternativos y organismos de solidaridad.
SERPAL, Servicio de Prensa Alternativa
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Amigas, amigos,
En anteriores envíos, hemos publicado los llamamientos, acuerdos
y denuncias de Vía Campesina y de organizaciones regionales
latinoamericanas sobre la cuestión de las semillas transgénicas.
Hoy compartimos con los suscriptores mejicanos, aún a riesgo
de que algunos quizás ya la conozcan, esta nota de Silvia
Ribeiro donde expone el alcance del acuerdo que acaba de firmar
el gobierno de Fox con los de Estados Unidos y Canadá.
Un cordial saludo.
Un saludo, Carlos.
Redacción de SERPAL.
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>> EL CABALLO
DE TROYA DE LOS TRANSGENICOS EN AMERICA LATINA
Por: Silvia Ribeiro ( La Jornada )
México acaba de firmar un acuerdo
con Estados Unidos y Canadá para burlar los requerimientos
del Protocolo de Bioseguridad internacional y promover que sigan
entrando en territorio mexicano granos contaminados con transgénicos,
librando de responsabilidad a empresas y países que los producen.
El acuerdo fue signado el pasado 29 de octubre por Víctor
Villalobos, de la Secretaría de Agricultura de México
(Sagarpa); J. B. Penn, del Departamento de Agricultura de Estados
Unidos, y Andrew Marsland, del Ministerio de Agricultura y Agroalimentos
de Canadá. México promueve además que el acuerdo
se extienda a otros países latinoamericanos. Según
Blair Commber, director de Agricultura de Canadá, Argentina,
Brasil y Uruguay ya han manifestado su interés.
El Protocolo de Cartagena sobre Seguridad en la Biotecnología
se firmó en 2000 y entró en vigor el 11 de septiembre
de 2003. Lo han ratificado 78 países. Conocido como Protocolo
de Bioseguridad o Protocolo de Cartagena, tiene por objetivo regular,
'de conformidad con el principio de precaución', el movimiento
transfronterizo de organismos vivos modificados.
El proceso de negociación de este protocolo llevó
más de siete años y fue muy duro. Para las muy escasas
pero poderosas empresas que dominan la producción de transgénicos
era fundamental que fuera débil y adecuado a sus necesidades,
y que el marco legal resultante no obstruyera su carrera de expansión
contaminadora, sino que las exceptuara de la responsabilidad por
daños. Para defender sus intereses, se apoyaron en las delegaciones
de tres países que tenían 99 por ciento de los cultivos
transgénicos (Estados Unidos, Canadá y Argentina)
y tres países lacayos que aunque no se beneficiaban en nada,
se prestaron a sus intereses: Australia, Chile y Uruguay. Esas naciones
formaron el Grupo de Miami, que junto con la industria biotecnológica
obstruyó y saboteó lo más que pudo las normas
propuestas para proteger el medio ambiente, la salud y la biodiversidad.
Lograron que se cambiara la definición de 'organismos modificados
genéticamente' por la de 'organismos vivos modificados',
excluyendo así de las reglas más astringentes del
protocolo 90 por ciento del comercio mundial de transgénicos,
ya que los productos procesados o para ser procesados en alimentos
o forrajes, y no para semilla, no son consideradas organismos 'vivos'
modificados y las regulaciones son mucho más laxas. La industria
y el Grupo de Miami también consiguieron no tener que informar
claramente si un cargamento contiene o no transgénicos y
que sólo haya que marcar 'puede contener transgénicos'.
La primera reunión de las partes firmantes del protocolo
se realizará en Kuala Lumpur, Malasia, del 23 al 27 de febrero
próximos. En la agenda se incluye la definición más
específica de dos temas relevantes: el etiquetado y la responsabilidad
y compensación por daños.
México, país origen del maíz -que junto con
la soya, el algodón y la canola es uno de los cuatro cultivos
que conforman ciento por ciento del comercio mundial de transgénicos-,
que ha sido contaminado en el corazón de sus culturas y economía,
sale otra vez en auxilio de las empresas trasnacionales y los intereses
de Estados Unidos al firmar un acuerdo regional ejemplar, que será
'manual' para salvar a las empresas de cualquier decisión
que pudiera tomarse en la próxima reunión de Malasia.
Este acuerdo firmado por México, Canadá y Estados
Unidos tiene aspectos clave que vacían de contenido las reglas
del protocolo y las decisiones futuras que se pudieran tomar: establecer
que un cargamento 'no es transgénico' si contiene hasta 5
por ciento de transgénicos (!), que la presencia 'no intencional'
de transgénicos en un cargamento no será causa de
tener que etiquetar que los 'puede contener' y que los que cumplan
las reglas de ese documento ya habrán cumplido los objetivos
del protocolo, como tener en cuenta el principio de precaución,
entre otros. Todas esas son demandas de la industria de biotecnología,
según Patty Rosher, vocera de la Coalición Internacional
del Comercio en Cereales (IGTC), quien afirma que 'la industria
ha estado trabajando para minimizar el impacto del protocolo en
el comercio' y que la demanda de un límite de 5 por ciento
de contaminación es la meta que se han fijado para conseguir
en la próxima reunión de Malasia (Food Chemical News,
15 de diciembre de 2003). Por supuesto, en Estados Unidos y Canadá
el grado de contaminación es tan extendido que les resulta
imprescindible que haya un umbral alto de tolerancia y que si envían
granos contaminados (la gran mayoría de sus exportaciones)
se pueda definir como 'no intencional' para evitar juicios.
La Sagarpa, que premia los transgénicos con subsidios, que
promueve las importaciones de maíz que compiten deslealmente
con los productores mexicanos y los contamina, tiene actualmente
la presidencia de la Comisión de Bioseguridad. ¿Algún
conflicto de intereses? Por eso encabezará las negociaciones
de bioseguridad en Malasia. El acuerdo ahora firmado no sólo
sacrifica otra vez los intereses de campesinos, indígenas
y toda la población mexicana junto con sus tesoros naturales,
sino que será ejemplar para el resto del mundo como vía
para burlar las pocas y débiles regulaciones precautorias
que existen, haciendo de paso el trabajo sucio a países que,
como Estados Unidos y Canadá, no han firmado el Protocolo
de Bioseguridad.
* Silvia Ribeiro es autora es investigadora del grupo ETC.
Fuente: La Jornada
Recibido de: Argenpress
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www.serpal.info
28 de diciembre de 2003
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