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especial para los suscriptores peruanos
medios alternativos y organismos de solidaridad.
SERPAL, Servicio de Prensa Alternativa
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" Vivimos rodeados de
información que no sabemos quien produce,
y desconocemos las estrategias que las guían"
José Saramago
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Hola
amigas y amigos peruanos.
Mientras el presidente Toledo está en los más bajos
índices de apoyo social, uno de sus ministros, el de agricultura,
tiene que renunciar por el escándalo que lo vincula con la
prostitución, lo cual contribuye al deterioro de la imágen
gubernamental. El parlamento se apresta a tratar una nueva legislación
sobre los medios de comunicación y las perspectivas apuntan
a que no se avanzará en garantías para la independencia
de los medios. Tampoco habrá límites muy estrictos
para el control directo o indirecto por parte de inversores o grupos
extranjeros y para la concentración de medios por un mismo
propietario. Quizás para compensar el descrédito público,
las autoridades anunciaron que no renovarán la concesión
de los servicios a la empresa Telefónica, filial de la transnacional
española, por los múltiples incumplimientos de sus
obligaciones contractuales. Pero atención que la prórroga
solicitada es con respecto a una concesión que vence en el
año 2019. O sea que el anuncio tiene más de golpe
de efecto que de objeción verdadera. Telefónica, en
un plazo de cinco años puede presentar nuevamente su petición
y así hasta llegar al 2019. La experiencia indica que los
gobiernos y sus promesas pasan, pero las transnacionales quedan.
Y sus beneficios seguirán cruzando fronteras hacia las grandes
metrópolis, con mucha mas facilidad que los inmigrantes latinoamericanos.
En este entramado heredado del fujimorismo, mucho tiene que ver
la presencia de personajes de la jerarquía católica
peruana y del Opus Dei. Aquí compartimos un artículo
que nos ha llegado a SERPAL sobre este tema. Espero que sea de Vtro.
interés.
Un cordial saludo. Carlos.
SERPAL
Servicio de Prensa Alternativa
c.e. : serpal@wanadoo.es
página: www.serpal.info
Catalunya, España.
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Toledo, el cardenal Cipriani y el Opus Dei
En Perú la religión
es peor que el opio
Luis Arce Borja
En Perú, la religión
no sólo es el "opio de la humanidad", sino también
el taparrabo de mandatarios y políticos corruptos. La semana
pasada (primera semana de junio), los medios de comunicación
de Lima informaron que el presidente Toledo se había reunido
en privado con Luis Cipriani, arzobispo de Lima y cardenal del Perú.
Cipriani es también el jefe del Opus Dei en el país.
El encuentro entre el jefe del Estado y la máxima autoridad
religiosa del país tuvo como objetivo analizar la "gobernabilidad
del Perú". Dicha reunión tuvo como telón
de fondo la crisis del Estado y la sociedad oficial, cuyas consecuencias
es la bancarrota del actual gobierno. No es extraño que Toledo,
hundido en un descrédito total y cuando las masas azotadas
por la miseria se sublevan en casi todo el país, busque el
apoyo de la iglesia católica que desde época de la
conquista española (1533) sirve de soporte de los grupos
de poder y de los más sanguinarios regímenes civiles
y m ilitares.
La alta jerarquía eclesiástica es ducha y experimentada
en la manipulación y utilización política de
la religiosidad del pueblo peruano. Su rol es clave en momentos
de crisis y de explosiones sociales, cuando el hambre, la miseria
y la injusticia social hacen estragos mortales en el seno de los
pobres y aceleran la confrontación de clases. Y sobre todo
cuando la estabilidad de los estados opresores se tambalea y corren
peligro de colapsar. La historia de la lucha social de América
Latina prueba que en todas las infamias y estafas que los gobernantes
han cometido contra los oprimidos contaron con la participación
y el apoyo de las altas autoridades religiosas. Así, en El
Salvador, Guatemala, Nicaragua y en otros países, curas,
obispos y cardenales fueron cómplices de esos "acuerdos
de paz" que sólo han servido para reforzar el poder
de sátrapas y del imperialismo. En el Perú, la participación
política de la jerarquía religiosa resulta tan grotesca
como la actividad de cualquie r partido político oficial
cuyo propósito no es buscar el bien común o la reivindicación
de los pobres, sino más bien servir a ricos y poderosos.
Un ejemplo bastante actual de la relación entre jerarquía
eclesiástica y poder político, lo entrega el actual
cardenal, Luis Cipriano, quien convivió 10 años en
maridaje político con el régimen criminal y mafioso
de Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos. Los peruanos, sobre
todos los familiares de las 70 mil víctimas de la guerra
civil, recuerdan como Luis Cipriani, instalado en Ayacucho desde
1988, defendía el régimen sanguinario de Fujimori
y Montesinos. Aún está fresco en el recuerdo de la
población como el cardenal se jugaba el pellejo públicamente
para salir en defensa de ese gobierno que él llamó
"legítimo y democrático". En el tema de
los secuestros, desapariciones, torturas y crímenes que diariamente
se cometían en el país, Cipriani no se ahorró
argumentos vedados con el propósito de justificar la brutal
acción criminal del gobierno y las fuerzas militares. Una
de esas veces fue en 1994 cuando sin escrúpulos de ningún
tipo rechazó las acusaciones contra los militare s y criticó
que se "usen los muertos" para hacer oposición
al gobierno de Fujimori: "En un contexto violento como el de
Ayacucho, las muertes y desapariciones y abusos son parte del enfrentamiento
de la guerra.Los defensores de los derechos humanos le llamaron
guerra sucia.Y qué quieren, que uno de marcha atrás
a la historia. Las Fuerzas Armadas han cambiado su actitud, ¿queremos
hurgar entre los muertos y resentimientos de toda esta gente resentida
para oponernos al gobierno?. " (Caretas, 14 de abril de 1994,
publicado en el libro de Magno Sosa Rojas, Cipriani: el teólogo
de Fujimori, 2001).
Pero Cipriani, cardenal y jefe de la siniestra red que el Opus Dei
ha tejido en la sociedad y el Estado, ha sido algo más que
el capellán de la dictadura fujimorista. Entre 1996 y 1997
fue algo parecido a un agente encubierto que el gobierno infiltró
en la embajada japonesa en Lima que había sido tomada (17
de diciembre 1996) por un comando del Movimiento Revolucionario
Tupac Amaru (MRTA). Cipriani se presentó como "mediador"
entre los subversivos y el gobierno, además de "confesor"
de los casi 900 personas capturadas como rehenes. Muchos han sospechado
que Cipriani, que cada día visitaba la embajada, utilizó
su gran crucifico que siempre tenía colgado al cuello y una
Biblia de doble fondo, para introducir clandestinamente potentes
y sofisticados medios de comunicación (micros y cámaras
filmadoras) que sirvieron para que las fuerzas militares conocieran
los movimientos y la posición exacta del comando emerretista.
Esta información, gracias a la labor de Cipriani, llegó
nítida al comando del ejército, y ello sirvió
para que el 22 de abril de 1997 los militares entraran violentamente
a la embajada y asesinaran a todos los integrantes del comando del
MRTA. Magno Sosa en un estudio que ha hecho sobre Cipriani (Cipriano:
el teólogo de Fujimori, 2001) cuenta que desde que éste
llegó a Ayacucho se vinculó al comando militar de
esta región, y que su guardia personal estaba compuesta de
8 o 10 miembros de la policía y del ejército. Cuenta
también Sosa que Cipriani inicio una persecución,
y en algunos casos con uso de la violencia, contra los sacerdotes
de esta región que se vinculaban a los familiares de personas
desaparecidas por el ejército o los grupos paramilitares.Más
adelante, en noviembre del 2001, y cuando ya Alberto Fujimori se
encontraba prófugo en Japón, y Vladimiro Montesinos
en prisión, la revista Caretas publicó tres cartas
redactas por el cardenal. Dos de estas cartas tienen fecha julio
y octubre del 2000 y están dirigidas a Montesinos par a pedirle
apoyo financiero y una tercera de julio 2001 dirigida a Valentín
Paniagua donde el cardenal fujimorista solicitaba que el flamante
gobierno incinere todos los videos en la que aparecía junto
a Montesinos. Posteriormente (octubre 2001) estas cartas fueron
entregadas por el gobierno peruano al Papa, pero como en la iglesia
católica, sobre todo en la "santa sede" de Roma,
la noche se convierte en día y la verdad en mentira, las
famosas cartas ha devenido en textos apócrifos en las que
el acusado cardenal resulta más inocente que la virgen María.
Pero con cartas o sin ellas, ningún peruano de esta época
olvida el rol que cumplió Cipriano en el establecimiento
de la dictadura mafiosa dirigida por Fujimori.
Pero no sólo fue Cipriani que en nombre de la iglesia católica
se puso de confesor divino del régimen anterior. En julio
de 1992, cuando ya Fujimori había concretado su autogolpe
militar (abril de 1992) el arzobispo de Lima, Augusto Vargas Alzamora,
pidió a los peruanos a unirse en torno a sus autoridades
gubernamentales, y en el mismo discurso deslizó su apoyó
la pena de muerte para los "terroristas": "de adoptarse
podría ser como medida defensiva", dijo a un diario
de Lima (Expreso, 24 de julio 1992). De la misma forma, en enero
de 1992, Luciano Metzinger, presidente de la Comisión Episcopal
de Acción Social, se pronunció públicamente
(diario La República 13 de enero 1992) a favor de armar a
las rondas campesinas que el ejército utilizaba en la lucha
contrainsurgente. Como se conoce estas fuerzas paramilitares (rondas
campesinas, grupos de defensa civil, etc.) dirigidas por los militares,
bajo el pretexto de "luchar contra el terrorismo", cometieron
miles de crímenes y acto s vandálicos contra la población
civil de los andes. En la misma dirección, el 27 de junio
de 1992, el Consejo Permanente del Episcopado Peruano, emitió
un documento no para denunciar los horrendos crímenes del
gobierno, sino para santificar a los policías y soldados
"que cumpliendo su deber son sacrificados sin posibilidades
de defensa", y para promover un "diálogo para buscar
consensos" con el gobierno del sátrapa Fujimori.
Pero la relación Cipriani-Fujimori no es un caso aislado
en la política peruana. En toda la historia de la República
peruana, ningún gobierno militar o civil, gobernó
al margen de la complicidad de la Iglesia de este país. Para
no ir muy lejos, en 1983, el general Clemente Noel, en ese tiempo
jefe del Comando Político Militar de Ayacucho y acusado de
ser el responsable de abominables matanzas, mantenía cotidianas
reuniones de coordinación con monseñor Federico Richter
Prada, en la época arzobispo de Ayacucho. En los primeros
años del gobierno de Alan García Pérez (1985-1990),
el cardenal en ese tiempo, Juan Landázuri Ricketts, tenía
entre sus tareas preferidas, echar agua bendita a los vehículos
blindados que el gobierno enviaba a la región de Ayacucho
y que fueran utilizados para masacrar miles de campesinos. En 1993,
en plena aplicación de la política sanguinaria del
régimen fujimorista, y cuando las fuerzas armadas tenían
en su haber más 30 mil asesinatos y masacres, Ricar do Durand,
obispo del Callao, no ahorro halagos a favor del sanguinario y corrupto
general Nicolás Hermosa Ríos en ese entonces comandante
general de las fuerzas armadas del Perú, y en la actualidad
en prisión. El obispo Durand decía en esa época
que, "el general Hermosa tiene el mérito de estar dirigiendo
la pacificación, esto es una realidad...Yo creo que el general
Hermosa ahora debe ser como el portaestandarte del respeto que las
Fuerzas Armadas y Fuerzas Policiales deben tener por los derechos
humanos". (Ricardo Durand, obispo del Callao, 28 de julio 1993).
El mismo papa Juan Pablo II, en marzo de 1985 hizo un peregrinaje
a Perú, no precisamente para defender a los pobres de las
injusticias y atrocidades cometidas por el gobierno de turno y los
militares, sino para condenar a la guerrilla maoísta y defender
la acción criminal del Estado y sus fuerzas represivas.
Fuente: "Rebelión"
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10 de junio de 2004
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