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* Envío
de SERPAL 253 - 03
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"Vivimos rodeados de
información que no sabemos quien
produce y desconocemos las estrategias que las guían."
José Saramago.
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Amigas, amigos,
¿Informarse ?
¿ Leer muchos diarios ? ¿Ver todos los telediarios
? ¿Recibir decenas de correos electrónicos ?
Dicen que estamos en la era de la información. Y eso otorga
cierta certeza de que "estamos muy bien informados".
¿Pero sabemos
realmente lo que ocurre a nuestro alrededor...en el mundo ? ¿Tenemos
datos reales de porqué ocurren esos hechos ? ¿ Quienes
nos informan ? ¿ Son "neutrales" los dueños
de los medios de comunicación ?
¿ Es suficiente la información o es imprescindible
el conocimiento para interpretar esa información ?
Son muchas preguntas que necesitan respuesta. En la búsqueda
de aproximarnos a esas posibles respuestas compartimos esta conversación
con el filósofo argentino Mario Bunge. El texto invita a
ser leído con tranquilidad, a releer especialmente algunos
párrafos y a refexionar.
Este será el
último envío antes de la pausa anunciada que se prolongará
durante el mes de noviembre. Haremos un receso en nuestras actividades
y por razones técnicas no podremos recibir los correos que
nos sean enviados.
En el mes de diciembre,
esperamos estar en condiciones de habilitar la página web
de SERPAL, que contendrá toda la información circulada
a nuestros suscriptores por correo electrónico durante el
año 2003 y algunos otros datos de interés.
En Diciembre también
reanudaremos normalmente nuestros envíos a los suscriptores.
Hasta la vuelta....
Cordialmente,
Carlos,
SERPAL, Servicio de Prensa Alternativa.
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>> "LO
IMPORTANTE ES EL CONOCIMIENTO, NO LA INFORMACION"
Conversación con Mario Bunge - Por Martha Paz (BIOMEDIA)*
Filósofo nacido en Argentina,
autor de cuarenta libros y casi quinientos artículos en una
docena de lenguas, Mario Bunge estuvo en Salamanca, en mayo de este
año, para ser investido como doctor Honoris Causa por la
misma universidad que acogió hace cientos de años
a Fray Luis de León y Francisco de Vitoria, pensadores como
él por quienes, dijo, sentir mucha admiración.
Era su 15º doctorado honorario
pero eso no impidió que, vestido con el tradicional traje
académico, participara emocionado de la ancestral ceremonia
en la que el rector y los
doctores de Salamanca le impusieron el grado de doctor en Filosofía
y, en latín, él jurara 'guardar los derechos y privilegios
y el honor de esta Universidad y siempre ayudar, prestar apoyo y
consejo, en las obras y asuntos de la misma, cuantas veces fuese
requerido'.
Su discurso, sobre el cual algunos ya
han dicho que debería ser lectura obligada en los gobiernos
y las administraciones públicas, enfatizó en la importancia
de que los países hagan inversiones en investigación
básica porque, de lo contrario, 'la gallina no pondrá
huevos de oro'. Advirtió que la cosecha de frutos no es inmediata
pero sí determinante para una sociedad.
Crítico y contundente en sus
argumentos, Mario Bunge conversó luego con nosotros. ¿El
tema? Uno de moda: la sociedad de la información versus la
sociedad del conocimiento. ¿El enfoque? Uno fuera de moda,
es decir, a la manera de Mario Bunge, como a él le gusta,
resistiéndose a todas las modas. Finalmente, él no
es un filósofo a la moda.
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- Pensadores y filósofos contemporáneos
coinciden en decir que estamos viviendo la sociedad de la información.
Otros ya hablan de la sociedad del conocimiento. ¿Cuál
es la diferencia?
- La información en sí
misma no vale nada, hay que descifrarla. Hay que transformar las
señales y los mensajes auditivos, visuales o como fueren,
en ideas y procesos cerebrales, lo que supone entenderlos y evaluarlos.
No basta poseer un cúmulo de información. Es preciso
saber si las fuentes de información son puras o contaminadas,
si la información como tal es fidedigna, nueva y original,
pertinente o impertinente a nuestros intereses, si es verdadera
o falsa, si suscita nuevas investigaciones o es tediosa y no sirve
para nada, si es puramente conceptual o artística, si nos
permite diseñar actos y ejecutarlos o si nos lo impide. Mientras
no se sepa todo eso, la información no es conocimiento.
Y lo que importa es el conocimiento.
No tiene interés, creo yo, insistir en la información.
Hay que insistir más bien en la relación que ésta
tiene con el conocimiento y el poder económico y político.
Hay que averiguar quiénes son los dueños de las fuentes
de información y de los medios de difusión. Si la
información está distribuida equitativamente, puede
beneficiar a todo el mundo. Si, en cambio, está concentrada
en pocas manos, va a beneficiar primordialmente, sino exclusivamente,
a los dueños de esas fábricas de información.
Lamentablemente, lo que existe ahora
en el mundo industrializado es una concentración creciente
de los medios de información. Urge luchar contra eso. Así
como en algunos países hay leyes contra el monopolio industrial
y comercial, es preciso trabajar también por una legislación
contra el monopolio informativo. Las leyes actuales están
favoreciendo la concentración de los medios de difusión.
Y eso es un peligro muy grande para la democracia porque implica
alimentar a la gente con información
unilateral, ocultándole la verdad, distrayéndola para
mostrarle aspectos poco importantes de lo que en verdad sucede en
el mundo.
Por ejemplo, se le da mayor relevancia
a actos terroristas en los que mueren una o dos personas que al
terrorismo constante al que se ve sujeta la gente que no tiene agua
para beber. Todos los años fallecen por lo menos setenta
millones de personas porque no tienen acceso a agua potable y beben
agua contaminada. Hay niños que no llegan al año de
edad debido a que mueren de diarrea causada por el agua contaminada.
Es que el agua potable está mal distribuida, en manos de
poca gente.
En general, el problema principal del
mundo contemporáneo -también lo fue del antiguo- es
la concentración de la riqueza y de los bienes en pocas manos.
La desigualdad, un problema de siempre, un problema que sólo
se podría resolver tomando medidas económicas, culturales
y políticas. Hay que distribuir el poder. Y esa mejor distribución
debe abarcar, entre otros aspectos, a los medios de comunicación.
- Hablar de la nueva sociedad nos lleva
necesariamente a hablar de las llamadas nuevas tecnologías
o tecnologías de la información. ¿Cómo
han cambiado a la sociedad?
- Han cambiado a sólo una parte
de la sociedad, a una sexta parte de la humanidad. Las cinco sextas
partes restantes casi no han sido afectadas. Pero ese cambio ha
sido muy profundo. La cantidad de información accesible es
mucho mayor y la velocidad con que se la puede conseguir ha aumentado
enormemente. Antes la gente pasaba horas o días buscando
una información. Ahora puede encontrarla muy rápidamente
a través de Internet.
Pero esa mayor facilidad tiene un lado
negativo, que es la sobrecarga de información. Debemos ahora
protegernos contra esa sobrecarga, crear filtros para que no nos
llegue tanta información mala o impertinente.
Necesitamos más tiempo para reflexionar y menos para buscar
información. La gente gasta demasiado tiempo mandando y leyendo
'emilios', sin necesitarlos para trabajar y sólo por seguir
perteneciendo a comunidades y redes culturales.
Por eso es que yo no estoy enchufado. Me desenchufé hace
muchos años. Hubo una época, hace treinta años,
en que yo pasaba dos días por semana respondiendo correspondencia
común y ordinaria.
Si bien uno está contento de
pertenecer a una red cultural, llega un momento en que se necesita
más tiempo para la reflexión. De lo contrario, ésta
es superficial, demasiado rápida, sin tiempo para asimilar,
criticar, sopesar. Hace falta más tiempo para ensimismarse,
para reflexionar en silencio y soledad.
- ¿Lo mismo se puede decir de la sociedad de la imagen en
la que estamos inmersos?
- Eso es mucho peor. La imagen, demasiado
rápida, reemplaza al pensamiento. Y aunque se dice que una
imagen vale por mil palabras, lo cierto es que queda muy poco de
ella, se la olvida con facilidad. La imagen no tiene contenido conceptual.
Puede suscitar ideas en algunos casos, pero es muy superficial.
Porque lo que podemos ver es apenas la piel de las cosas. La mayor
parte del mundo está oculta a la vista, hay que conseguirla,
hay que imaginarla, hay que conjeturarla. Y la imagen nos restringe
a las
apariencias. La palabra puede trasmitir conceptos, algo que la imagen
no puede. Y solamente con conceptos se accede a lo invisible, que
es la mayor parte del universo.
- Ahora se ve a la hiperconectividad
como algo positivo, como un fruto saludable de la sociedad de la
información y del conocimiento. ¿Qué dice al
respecto?
Muchas veces nos conectamos con sectores que no nos interesan. O,
por lo contrario, se refuerza la relación con especialistas
de la misma especialidad, lo cual cierra la posibilidad o el aliciente
para conectarse con grupos que se ocupan de otras cosas. Por ejemplo,
en los viejos tiempos, uno iba a la biblioteca a buscar un libro
o una revista que se ocupaba de la especialidad de uno y, a los
costados, se veía, sin querer, material de disciplinas anexas.
Esa búsqueda o mirada a lo aledaño enriquecía
la investigación propia, favorecía la formación
de interdisciplinas.
Hoy día, la hiperconexión
o la facilidad con que uno se conecta con los especialistas de la
misma especialidad hace que uno se aísle de las demás
especialidades -valga la redundancia-. Eso es lo que se ha llamado
la 'balcanización de la ciencia', algo que no es bueno. Es
justamente en los intersticios entre ciencias diferentes donde se
encuentran novedades. La división entre disciplinas es arbitraria.
Por ejemplo, ¿quiénes se ocupan de la distribución
de la riqueza? Los economistas dicen: 'Eso es cuestión de
lo sociólogos'. Los sociólogos dicen: 'No. Puesto
que se trata de riqueza, son los economistas los encargados'. Entonces,
nadie se ocupaba de eso, hasta que, finalmente, algunos socioeconomistas
se dieron cuenta del problema y lo estudiaron. Ahora existe la socioeconomía
como nueva interdisciplina, con su propia sociedad, su propio órgano.
Lo mismo pasa con la psicología y la neurociencia. Durante
muchos siglos estuvieron separadas. Hoy día existe una interdisciplina
llamada neurociencia cognitiva, que es la
que se ocupa de investigar en el cerebro los procesos mentales,
cosa que antes hacían solamente los psicólogos.
Hay que fomentar la interdisciplinariedad.
Y a eso no siempre contribuye Internet. Al contrario, muchas veces
dificulta la formación de interdisciplinas.
- La sociedad de la vigilancia es otra consecuencia de la tecnología
de la información.
- Claro. Ahora pueden vigilar nuestra
manera de pensar, nuestra manera de comunicarnos con otros. La información
electrónica se puede captar, es accesible a la Policía.
Y eso es un peligro. Coarta las libertades individuales y la formación
de grupos simplemente disidentes, que no están conformes
con el orden social actual.
- ¿Y qué opina sobre la obsolescencia de las tecnologías,
que año tras año, mes a mes, e incluso día
a día, cambian tanto? ¿Eso es ético? ¿Es
ambiental?
- Hay cambios necesarios y otros que
son puramente cosméticos, provocados por la industria para
obligar al consumidor a comprar nuevos productos. Hace ya mucho
tiempo que los automóviles tienen las mismas características.
Es cierto que hubo un gran adelanto hace unos veinte años,
cuando aumentó su rendimiento y disminuyó el consumo
de gasolina, lo cual está bien. Pero muchas veces, los fabricantes
de computadoras, por ejemplo, introducen pequeños cambios
que no son esenciales. Primero, hay que comprarlos, son caros. En
segundo lugar, hay que aprenderlos y el aprendizaje se vuelve costoso
también. Se trata de pequeñas mejoras técnicas
que no son precisamen te favorables al consumidor. Lo mismo ha pasado
siempre con la moda. Son adelantos cosméticos no esenciales.
- Una vez hecha esta caracterización de las tecnologías
de la información y de la sociedad del conocimiento, ¿cuáles
piensa usted que son los retos culturales como para que el hombre
sobrelleve todo esto sin convertirse en esclavo?
- Principalmente, facilitar el acceso
a la cultura. La enorme mayoría de la humanidad no tiene
acceso a la cultura moderna, en particular a la cultura científica
y técnica. No solamente no tiene, sino que en muchos países
está disminuyendo el porcentaje de los jóvenes que
se interesa por la ciencia y por la técnica. Las facultades
de ciencia y técnica se están vaciando. Hay universidades,
por ejemplo en Canadá, cuyos departamentos de física
han cerrado. Siguen teniendo escuelas de ingeniería, pero
no de física, lo que es ridículo porque no hay ingeniería
moderna sin física y los grandes
avances en ingeniería suelen ir precedidos por los grandes
avances en física. A veces, eso se debe a la miopía
de los administradores y otras, a la falta de vocaciones. Hay poca
gente joven que se interese por la física o por la matemática.
Todos quieren ganar dinero y creen que hay más porvenir en
Ciencias de la Computación, Finanzas o Administración
de Empresas que en Matemáticas o Física. Es un error.
No hay suficientes egresados en física básica, química
básica, matemáticas. Ése es el desafío.
- Le he escuchado decir que antes que formar tecnólatras
debemos formar cerebros.
- Hay que formar cerebros porque solamente
el cerebro bien formado puede, no solamente usar la técnica
existente, sino mejorarla con ideas nuevas y originales gracias
a su curiosidad y a que está investigando. Si se insiste
con la misma información a la gente, en lugar de cultivar
su curiosidad, terminará por aburrirse.
Es importante enseñar a estudiar
por cuenta propia, a buscar por cuenta propia, a asombrarse. Decía
Aristóteles que el origen de la ciencia está en el
asombro, en la curiosidad. El que no se asombra por nada, nada va
a investigar.
- ¿Qué le sugiere el analfabetismo tecnológico,
es decir, aquellas personas que se resisten a.?
Sí, sí. Aquellas personas
como yo, por ejemplo. Hace treinta años yo sabía desarmar
un carburador de automóvil y arreglarlo. Eran mucho más
sencillas las cosas. Hoy día, las unidades de los vehículos
suelen estar selladas y no se pueden desarmar con destornillador
para repararlas. Hay que llevarlas a un taller donde dicen que utilizan
computadoras para diagnosticar los defectos y ubicarlos. Hace falta
ser todo un ingeniero para desarmar un automóvil. Antes eso
no era preciso. Entonces, los que no tenemos esa habilidad ni disponemos
de tiempo necesario o, simplemente, nos aburrimos con ello, quedamos
al margen y a la merced de los especialistas, lo que es
bueno pero también malo porque, para corregir defectos mínimos,
uno depende de expertos que nos explotan, resultando todo muy caro.
- ¿Cómo enseñar
y transmitir representaciones, reglas y valores en pro de la cultura
tecnológica y de la reflexión al respecto?
- A mí me preocupan las cinco
sextas partes de la humanidad que no tienen acceso a la técnica
básica. Esa gente tiene que aprender a cavar, tiene que aprender
elementos de carpintería, de mecánica, de electricidad,
todas las cosas que se sabía hace uno o dos siglos. Hay que
empezar por ahí. Mucho después, se plantearán
las nuevas tecnologías. Lo que la enorme mayoría de
la gente necesita ahora es saber cosas más básicas,
por ejemplo, que en cada aldea debería haber letrinas públicas.
En gran parte de los países del Tercer Mundo no hay letrinas,
la gente defeca al aire libre y las amebas
corren entonces por el aire, la gente se infecta con sólo
respirar. En muchas partes, se cree que para beber agua hay que
ir a un charco o a un pequeño arroyo, cuando ya están
contaminados. Hay que enseñar a la gente que hay que cavar
pozos y poner bombas, no bombas eléctricas porque no hay
centrales eléctricas en esos lugares, sino manuales como
las que había en Argentina hace cien o menos años.
Molinos, hace falta multiplicar los molinos.
Se cree que cuando hay un avance técnico, las técnicas
anteriores ya no sirven y eso no es cierto, las técnicas
anteriores pueden seguir sirviendo. Allí donde hay una caída
de agua, se puede instalar un pequeño motor eléctrico
que sirva para iluminar la casa o incluso un villorio. No hay que
desechar lo viejo porque sea viejo, lo viejo puede seguir siendo
útil.
Hay experimentos muy interesantes en
Bangladesh. En lugar de separar a mano el grano de la paja, se puede
hacer con una pequeña máquina que se acopla a una
bicicleta sin ruedas y que no tiene nada más que el engranaje.
Hay un banco que presta dinero, cincuenta dólares a cada
cual, para instalar esos aparatos. Se trata de una técnica
bancaria interesante. Préstamos a pequeña escala,
respaldados por la aldea. Se hace responsable de él, no solamente
quien lo contrae sino toda la aldea. Si falla esa pequeña
empresa familiar, se hace cargo de la deuda el resto. Entonces,
todo el mundo está interesado en que tenga éxito.
Así, las técnicas no sólo son de ingeniería,
sino también sociales. No abarcan únicamente la ingeniería,
sino también la administración de empresas, el derecho,
la educación, el trabajo social, muchos sectores de la sociedad.
- ¿La ciencia y la tecnología son válidas para
el Tercer Mundo?
- Claro que sí. La verdad científica
no tiene fronteras, no tiene nacionalidad ni tiene sexo. Están,
naturalmente, los relativistas culturales que sostienen que el conocimiento
es siempre local, lo cual es absurdo. El conocimiento local es el
conocimiento específico, por ejemplo, el conocimiento de
ciertas peculiaridades de Salamanca, que no tienen aplicación
en Bangladesh.
* Martha Paz es master en Ciencia, Tecnología y Sociedad
de la Universidad de Salamanca.
Fuente: Argenpress
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31 de octubre de 2003
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