SERPAL
17 de Marzo de 2004

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* Envío de SERPAL 263 - 04
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"La historia es el más grande conjunto de aberraciones, guerras,
persecuciones, torturas e injusticias, pero a la vez, tierra sobre la cual
millones de hombres y mujeres se sacrifican para cuidar la vida de los
demás. Ellos encarnan la resistencia."

Ernesto Sábato
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La masacre del 11 de marzo en Madrid, sacudió los cimientos emocionales de España. Nadie puede describir con palabras el horror de la barbarie. Las imágenes y las historias que entretejen los cientos de dramas individuales nos golpean y nos conmueven. También nos marcan las extraordinarias y masivas muestras de solidaridad hacia las víctimas. El 11-M nos deja una cicatriz imborrable.

Pero el terrible suceso generó a su vez una serie de situaciones que hicieron de "catalizador" de un sentimiento acumulado en los últimos años: el cansancio y el rechazo por el gobierno de José María Aznar, quien aprovechó la mayoría absoluta parlamentaria para acentuar los rasgos neo-franquistas de su gestión. Colocó a España "a órdenes" del presidente Bush y fue su ladero incondicional en la infame e injusta agresión contra Irak, que sólo respondió a los intereses geoestratégicos del gobierno norteamericano. En ese empeño, desoyó y despreció los millones de voces que se alzaron por las calles y plazas en todo el país rechazando la guerra que se preparaba.

Ahora, desde la soberbia, confiaba en que su delfín Mariano Rajoy contaría con una nueva mayoría absoluta. Para reforzar esa posibilidad, ocurrida la masacre apeló una vez más al control de los principales medios de comunicación ( los públicos y la mayoría de los privados que son afines a sus intereses) para ocultar, demorar y manipular las informaciones sobre los autores del atentado. La víspera de las elecciones, los ciudadanos se movilizaron indignados para reclamar la verdad y rechazar la manipulación. "Hoy protestamos, mañana les cesamos"
o "a la hora de votar, se tiene que notar" eran algunas de las consignas en las calles. El PP había conseguido que el "día de reflexión" se transfomara en "día de la indignación". Al caer la tarde, el gobierno comenzó a administrar la verdad con cuentagotas. Recién pasada la medianoche, y ya en domingo electoral, admitía que había un video donde un portavoz de Al Qaeda reconocía la autoría de los bárbaros atentados.

Los ciudadanos utilizaron su voto para desmontar las pretensiones aznaristas de continuidad. Este inesperado vuelco electoral cambiará de modo significativo las perspectivas internas por el avance de las fuerzas de izquierda. Pero también se proyectará en el campo europeo e internacional si Rodríguez Zapatero confirma en los hechos que romperá el alineamiento automático con la Casa Blanca.

Ese fue uno de sus principales compromisos electorales y todo parece indicar que ese será el rumbo de su política exterior.

España deja atrás una semana marcada por la conmoción social. Primero por el atentado más grave e indiscriminado de su historia moderna que provocó más de 200 muertos y centenares de heridos, en su mayoría trabajadores, estudiantes e inmigrantes. Segundo, por un imprevisto vuelco electoral que desaloja del poder a un gobierno que entre otras cosas, encarnó delirios neoimperiales a la sombra del trazado mesiánico del presidente norteamericano.

Lo que sigue, no será fácil. Entre otras cosas, la nueva situación exigirá que esta movilización popular no se detenga para que el impulso de cambio se consolide y se profundice. En lo inmediato, celebramos el derrumbe de la soberbia.

Muchos suscriptores, particularmente latinoamericanos, nos pidieron una crónica de los días intensos vividos en España. Es muy difícil condensar en esta nota la dimensión puntual de todo lo sucedido. Tratamos de hacerlo aún sabiendo que no podremos incluir muchos datos y matices. Pero confiamos que como todos nuestros envíos, éste también sea una herramienta útil para acercarnos un poco más a la realidad, eludiendo filtros, escamoteos o manipulaciones. Les dejamos con la crónica.

Cordialmente,
SERPAL, Servicio de Prensa Alternativa.

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>> El derrumbe de la soberbia
Carlos Iaquinandi, SERPAL.

La mañana del jueves 11 comenzó con los primeros partes radiales que presagiaban la gran tragedia. Una gran explosión había conmovido la estación ferroviaria de Atocha, uno de los centros neurálgicos de Madrid. Con el paso de los minutos se supo que habían sido varios los estallidos y que habían afectado a cuatro trenes de la línea que viene de Alcalá de Hernares. Las cadenas de televisión comenzaban a transmitir desde el lugar del atentado y las imágenes confirmaban el alcance de la masacre al mostrar los cuerpos sin vida, los heridos y los que caminaban ensangrentados y sin rumbo afectados por la magnitud de las explosiones.

A partir de entonces se generó una inmediata reacción solidaria en la que no solo intervinieron los servicios de emergencia, sino que se sumaron vecinos que desde sus viviendas arrojaron mantas, botellas de agua y todos los elementos que se presumía podían servir para las primeras atenciones. Los sobrevivientes de la tragedia y muchos de esos vecinos fueron los encargados de dar ánimo a los más de 1.300 heridos, en muchos casos con palabras cálidas y apretando con fuerza y calor las manos heladas y temblorosas de los afectados mientras esperaban que fueran atendidos por médicos o técnicos sanitarios.

El gravísimo suceso provocó que los partidos coincidieran en dar por terminada la campaña electoral, cuando entraba en las últimas 48 horas, su fase final. No hubo más mitines ni actos de cierre. Se generaliza la impresión de que estamos ante el más grave atentado terrorista y que la responsabilidad es de la organización ETA. El propio "lehendakari", máxima autoridad del gobierno vasco, dá por hecho que ese grupo es el responsable de la barbarie de Atocha.

Pasado el mediodía el presidente Aznar llama a varios directores de medios de comunicación. Según reveló el director del diario "El País", Aznar transmite su convicción de que ETA está detrás del atentado contra los trenes. Casi simultáneamente su ministro del interior, Angel Acebes comparece ante los periodistas y afirma categóricamente: "Desgraciadamente, en esta ocasión, ETA ha conseguido su objetivo". ( Hace tácita alusión a que en los últimos meses la policía española anunció haber frustrado dos intentos de ETA para atentar en Madrid, uno de ellos en Chamartín, la otra gran estación ferroviaria de Madrid.) Y añade Acebes: "Es absolutamente intolerable cualquier tipo de intoxicación que vaya dirigida a desviar el objetivo y los responsables de esta tragedia." Poco antes trascendía que Arnaldo Otegui, portavoz de la ilegalizada Batasuna - fuerza política vasca vinculada con ETA - había afirmado que el atentado no había sido cometido por esa organización e insinuaba que podía ser un operativo "de sectores de la resistencia árabe".

Esa misma tarde la cancillería española envía instrucciones reservadas a sus embajadores para que aprovechen todas las ocasiones que se les presenten o que directamente acudan a los medios para confirmar la autoría de ETA de esos brutales atentados. A las 7 de la tarde del mismo día, el Ministerio del Interior difunde las fotos de nueve supuestos responsables de los atentados, todos ellos miembros de ETA.

Las cadenas autonómicas, no controladas por el gobierno, adelantaban entonces la posibilidad de que Al Qaeda estuviera detrás de la masacre en Madrid. Lo mismo hacían algunas radios privadas.

Sólo una hora más tarde, el Ministerio del Interior, confirma que entre los restos de uno de los trenes afectados se encontró una bolsa con 12 kilos de explosivos sin detonar. Y que en una furgoneta, se hallaron detonadores y una cinta con "versos del Corán". Tras estos anuncios, Aznar vuelve a llamar a los medios. Al director de "El País" le ratifica su convicción de que el atentado es obra de ETA.

Aproximadamente a esa misma hora, en Londres, el diario árabe "Al Qods Al Arabi" informa que una carta de las Brigadas Bu Hafs Al Masri, grupo vinculado a Al Qaeda reivindica el atentado de Madrid.

El viernes el gobierno mantiene su posición y Aznar afirma que " no concede el beneficio de la duda a quien mantiene su voluntad criminal y ha estado siempre, y lo ha hecho, dispuesto a descargarla sobre personas inocentes." El ministro del Interior afirma por la tarde que "ETA sigue siendo la principal línea de investigación". Casi coincidentemente el diario vasco Gara indica haber recibido una comunicación donde ETA afirma que no tiene ninguna responsabilidad sobre los atentados de Madrid. El ministro Acebes dice escéptico: " No nos lo creemos". Esa tarde con frío y en muchas ciudades bajo la lluvia, miles de ciudadanos participan de masivas manifestaciones de repudio al atentado. Comienzan los gritos de "¿Quien ha sido?". El gobierno a través de la cadena pública y de otros medios bajo su influencia, presenta las marchas de millones de personas como "el rechazo a la matanza de ETA".

El sábado - día de reflexión y víspera de los comicios - se extienden las dudas entre los ciudadanos. El periodista Ernesto Ekaizer publica una columna donde habla del "apagón" en las investigaciones sobre el atentado. Especialistas en terrorismo citados por diarios norteamericanos indican que los ataques de Madrid parecen llevar la marca de Osama Bin Laden y sus aliados, por la forma sincronizada y los objetivos civiles.

Algunos periodistas se hacen eco de las dudas de la población y del reclamo por "saber la verdad". Gana espacio la certeza de que el gobierno está manipulando la información sobre el atentado. Si la responsabilidad cae sobre ETA, presume que obtendrá un rédito electoral por su posición intensigente frente a la organización terrorista. En cambio, si fuera un atentado cometido por grupos vinculados al islamismo radical, el efecto podría ser el contrario, desde el recuerdo de las multitudinarias manifestaciones masivas contra la invasión de Irak que llenaron en marzo las calles y plazas de España.

De una manera espontánea, miles de personas comienzan a movilizarse al caer la tarde. En Madrid, frente a la sede central del Partido Popular los ciudadanos reclaman indignados por la verdad sobre la investigación. En otras ciudades del país, también convocadas por mensajes que circulan por Internet o llamadas telefónicas, se producen concentraciones similares acompañadas por "caceroladas", golpes rítmicos con todo tipo de utensilios de cocina. El ministro del interior aparece en televisión anunciando que han sido detenidas varias personas de origen marroquí e indios, presuntamente vinculados con los autores materiales de los atentados. El PP condena las manifestaciones y pide al Consejo Electoral que declare su ilegalidad por violar las normas de la jornada de reflexión.

Esa noche el primer canal de la televisión pública española cambia imprevistamente su programación y en lugar de la película anunciada, proyectan "Asesinato en Febrero", un semi-documental que hace referencia a un atentado de ETA donde fue asesinado el dirigente socialista Fernando Buesa y su escolta en el año 2000. Es evidente el ánimo de influír en la población reiterando el presunto vínculo etarra con los atentados. La propia viuda y la familia de Buesa denuncian horas después la intención manipuladora del gobierno.

Pasada la medianoche, y ya en el domingo de las elecciones, el ministro del interior aparece nuevamente en televisión revelando la existencia de un video donde un supuesto portavoz de Al Qaeda en Europa reconoce la autoría de la masacre.

Todo hace pensar que el gobierno, que logró afrontar sin castigo las elecciones municipales de mayo pasado, se sentía amparado por una impunidad supuestamente otrogada por la mayoría de la sociedad y que la manipulación de la información sería suficiente para afrontar ese nuevo trance electoral.

La hora de la verdad

El domingo a las nueve se abrieron las mesas electorales en toda España para renovar el parlamento y el gobierno del estado. Para el PP la convocatoria era un mero trámite, ya que daban por descontado que ganarían cómodamente. La duda era si podrian mantener la mayoría absoluta. Los datos de alta participación a media tarde provocaban los primeros rostros serios en los dirigentes del partido de Aznar. Podía suponerse que el Partido Socialista y otras agrupaciones de izquierda habían logrado movilizar a una parte del electorado que no vota habitualmente. A partir del cierre de los comicios, los primeros datos avanzaban la tendencia: la oposición podía derrotar al PP. Casi tres horas mas tarde, todo estaba definido, Rajoy admitía la inesperada derrota y miles de simpatizantes se congregaban frente a la sede Socialista para celebrar la victoria. Muchos nos quedamos de madrugada frente a los televisores o escuchando la radio con el temor de que algo de última hora cambiara esa realidad.

Al día siguiente la periodista Soledad Gallego-Díaz iniciaba así su crónica:

"La sociedad española dio ayer una demostración increíble de vitalidad, libertad, seguridad y confianza en sí misma y tres días después del peor atentado de su historia decidió cambiar de gobierno y pasar a la oposición al partido que gobernaba con una cómoda mayoría absoluta."
"Los votantes dieron una lección formidable para cualquier dirigente político y desde luego, para cualquier gobernante: no se puede dirigir un país sin escuchar a sus ciudadanos, y un 80% de los españoles le había dicho a José María Aznar y al Partido Popular que no quería participar en la guerra de Irak y que le irritaba cada día más su manera de gobernar. Aznar y el PP ignoraron esa voluntad, y la sociedad le reiteró ayer claramente en las urnas lo que pensaba".

El vencedor de las elecciones, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero anunció que piensa formar un gobierno monocolor, con acuerdos puntuales parlamentarios. Ratificó su compromiso electoral de que si en junio las Naciones Unidas no se han hecho cargo de Ia situación en Irak, ordenará el regreso de las tropas españolas. También que dará prioridad a las relaciones con la Unión Europea. En cuanto a América Latina afirman que se romperá la subordinación a Estados Unidos introducida por los gobiernos del PP y se sustituirán los planteamientos economicistas de Aznar por unas relaciones solidarias.

El PSOE ( socialistas ) pidió ya al gobierno que paralice las obras del travase del Ebro incluídas en el Plan Hidrológico Nacional al que se había opuesto desde un primer momento. Otro de los objetivos del nuevo gobierno será el relevo del fiscal general del Estado, Jesús Cardenal, considerado polea de transmisión del aznarismo en la justicia. Para los latinoamericanos es oportuno recordar que Cardenal se opuso sistemáticamente a la posibilidad de que Pinochet y otros militares responsables de terrorismo de estado en Chile, Argentina, Guatemala, El Salvador y otros países pudieran ser juzgados en España.

En cuanto a la educación, la política social, la cuestión inmigratoria y otros campos, también se anuncian cambios y reformas. Para ello, Rodríguez Zapatero que anunció un gobierno monocolor, deberá pactar puntualmente con otras fuerzas políticas. Al menos dos de ellas, Izquierda Unida y Esquerra Republicana han ofrecido su apoyo a las medidas que signifiquen un avance social. Este último partido, que forma la coalición tripartita de izquierdas que gobierna en Catalunya, tuvo el domingo un significativo avance electoral, y pasó de uno a ocho diputados en el Parlamento. En coincidencia con las estatales, Andalucía celebró elecciones autonómicas. Allí el PSOE obtuvo la mayoría absoluta en escaños recibiendo más de la mitad de los cuatro millones de votos emitidos.

El terremoto electoral tuvo epicentro en España, pero las ondas del cambio político repercutirán más allá de sus fronteras. El eje Londres- Madrid que respaldó la agresión militar y la ocupación de Irak, pierde uno de sus extremos. Muchos vaticinan que este pronunciamiento es un anticipo de lo que les ocurrirá a Blair y a Bush con sus propios votantes.

Mientras tanto, los derrotados de adentro y de afuera de España, intentan desdibujar la victoria socialista afirmando que el anuncio de Rodríguez Zapatero de retirar las tropas de Irak es una capitulación ante el terrorismo. Pretenden que lo que fue un compromiso electoral de primera hora, sea interpretado como una consecuencia del atentado. Siguen subvalorando la capacidad de los ciudadanos y confiando que la manipulación todo lo puede.

España afronta un nuevo tiempo. La experiencia democrática de los últimos 25 años no permite esperar transformaciones profundas. Pero es indudable que la España oscura, la herencia residual de la dictadura franquista que fue tiñiendo a la que se llamó "derecha civilizada", está en retroceso. La deriva retrógrada del PP adquirió tal dimensión, que a pesar de su empeño en definirse como "centrista",
a su derecha no quedaba espacio para ninguna otra fuerza política.

El derrumbe de la soberbia abre un tiempo distinto, revitaliza las libertades y reabre expectativas.

Una mayoría del pueblo español comprobó que aquello de que "el que no cambia todo no cambia nada" suena muy bien, pero no siempre es cierto..

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17 de marzo de 2004
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