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* Envío
de SERPAL 265 - 04
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Atento ante la muerte,
drásticamente amortajado un hueso
reseco en sus raíces
enumeras tu pan y las heridas
de tu famoso grito,
de tu rabia inconclusa
y la prédica inmemorial de tu andadura.
Fragmento de Mineros Uno
Héctor Borda Leaño
( poeta boliviano )
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Amigas,
amigos,
El ancestral reclamo de justicia de la sociedad boliviana se alza
una vez más ante la clase política y económica
que gobierna el país.
La determinación de un ex minero en el reclamo por sus derechos,
puso en evidencia los efectos devastadores de las medidas neoliberales
desplegadas durante el primer mandato del presidente Sánchez
de Losada.
La ley de pensiones de 1996 dejó a miles de trabajadores
sin prestaciones básicas. Uno de ellos, Eustaquio Picachuri
se inmoló en una dependencia del Congreso después
de recibir la negativa burocrática a su petición de
una pensión o la devolución de sus aportes jubilatorios.
La onda expansiva de la dinamita que llevaba en torno a su cuerpo
no sólo le destrozó y provocó otras dos muertes.
También sacude la conciencia de una clase dirigente que parece
ajena al drama social que sufre gran parte de la población
boliviana.
Cordialmente,
Carlos.
SERPAL , Servicio de Prensa Alternativa.
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>> Bolivia:
la injusticia interminable.
Carlos Iaquinandi, redacción de SERPAL
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>> Tenía 47 años y
era un hombre corpulento, como la mayoría de los mineros bolivianos.
El martes pasado, mientras los parlamentarios interpelaban al Ministro
de Hidrocarburos en el hemiciclo, entró al vestíbulo
de una dependencia del Congreso Eustaquio Picachuri, con su casco
minero en la cabeza. Advirtió al personal de seguridad que
llevaba un cinturón con dinamita, a la vez que mostraba el
detonador en una de sus manos.
Picachuri pertenecía a la generación de obreros de la
legendaria mina de Siglo XX en Catavi, que fué dejada en la
calle en 1985 cuando el Decreto Supremo 21060 puso en marcha las políticas
neoliberales en Bolivia. Como tantos otros afectados por la privatización
del sistema jubilatorio dispuesta por Gonzalo Sánchez de Losada
en 1996, no tenía derecho a pensión a pesar de sus años
de aportes. El gobierno abrió entonces las puertas a las AFPs,
entidades privadas que llegaron con el auspicio del Fondo Monetario
Internacional y el Banco Mundial, y dejó desamparados y sin
jubilación a miles de trabajadores. Y eso era precisamente
lo que fue a reclamar Eustaquio Picachuri. Una pensión para
la familia de su hermano Martín, también minero y fallecido
en 1992, y una pensión para él, o al menos, recuperar
el dinero de sus aportes.
Tres horas duraron las negociaciones. Fue llamado al lugar el director
de pensiones Federico Escobar que llegó con el expediente.
Y le dijo al minero que "de acuerdo con las normativas vigentes",
era imposible atender sus demandas. Eustaquio respondió que
venía a reclamar sus derechos y pidió que le resolvieran
su pedido. Según el relato de testigos, dijo al funcionario:
"No soy asesino ni terrorista, estoy dispuesto a morir si no
me devuelven mi dinero".
Pasaron los minutos y el minero no tuvo respuesta. Y él cumplió
su compromiso: hizo estallar una de las cargas que llevaba adheridas
a su cuerpo, muriendo en el acto. La fuerte explosión provocó
también heridas mortales a dos policías que se encontraban
cerca del minero.
El final del drama es ya de por sí motivo de conmoción.
Pero la gravedad se multiplica si se tiene en cuenta que hay muchos
trabajadores que están en su misma situación, afectados
por la privatización del sistema estatal de jubilaciones en
1996 y que amenazan con seguir el mismo camino del minero autoinmolado.
El
sentido de una muerte más
Bolivia atravesó fuertes crisis en los últimos años.
Todas ellas fueron acompañadas por grandes movilizaciones populares
y también por la persistente represión gubernamental
que fue dejando muertos y heridos en Cochabamba, en la Paz, en Tarija....
Es inevitable preguntarse si esta nueva muerte servirá para
sacar del letargo a una clase dirigente que en su mayoría permanece
ajena a las necesidades y los reclamos de su pueblo. Los primeros
signos no son demasiado alentadores.
El presidente Carlos Mesa se apresuró a calificar el hecho
como "aislado y sin connotaciones políticas", como
si ese suicidio fuera ajeno a la realidad social de miles de compatriotas.
Advertido de que alguna medida debía tomar, intervino el SENASIR,
Servicio Nacional del Sistema de Reparto y destituyó a la directora
de Pensiones, Evelín Grandy. Ahora gobierno y empresarios hablan
nuevamente de "Pacto Social por Bolivia" y las grandes palabras
reemplazan una vez más a las acciones que nunca se tomaron.
Cabe recordar que Carlos Mesa, sucedió al presidente Gonzalo
Sánchez de Losada, cuando una revuelta popular contra su política
neoliberal y de rechazo a su intento de vender a grupos transnacionales
las reservas de gas , lo volteó en octubre del 2003. Ya entonces,
sectores sociales, movimientos populares y también uno de los
principales grupos políticos, el Movimiento al Socialismo,
reclamaron el cambio de modelo económico y la adopción
de medidas que atendieran las demandas más urgentes. Entre
ellas, estaba la reforma de la Ley de Pensiones y la atención
a la llamada "generación sándwhich" millares
de trabajadores que quedaron sin derecho a pensión estatal
ni privada, ya sea por falta de años de aporte o por falta
de edad.
La historia del desembarco neoliberal es similar a la ocurrida en
otros países del continente. Los funcionarios del FMI y del
Banco Mundial encontraron las puertas abiertas por aquellos que como
Gonzalo Sánchez de Losada pudieron estudiar en las mejores
universidades del exterior. Los neo-saqueadores hablaron de las bondades
de los planes jubilatorios de las empresas privadas, muchas de ellas
en mano de capitales españoles. Prometieron que se terminaría
la ineficacia y el déficit del sistema estatal.
Ahora la inseguridad es total, los bancos no solamente no pagan intereses
por los depósitos, sino que cobran por la "custodia"
de los aportes de los trabajadores. Y surge la pregunta que se hacía
un periodista boliviano, pero que puede ser común a tantos
ciudadanos de este país: " ¿ Hasta cuando el sudor
y el trabajo del pueblo tiene que servir para satisfacer las medidas
estructurales de la élite dinástica encaramada en los
distintos regímenes de turno que se suceden en Bolivia ?"
Dolor
e indignación en la tierra minera
Miles de personas acompañaron en
Llallagua los restos de Eustaquio Picachuri. Su ataúd fué
llevado en hombros por sus cuatro hijos, cubierto por una bandera
boliviana y seguido por familiares, ex compañeros, cooperativistas,
autoridades del municipio y pobladores que formaron un cortejo tan
dolido por la muerte como indignado por la injusticia. Frente a la
iglesia de Llallagua, la despedida fue acompañada por gritos
contra el gobierno y sus ministros y glorias al fallecido, calificado
como "héroe y mártir de los trabajadores".
Ahora se alzan las voces de organizaciones sociales y sindicatos,
que reclaman la eliminación de la Ley de Pensiones y que se
adopten medidas extraordinarias para atender la situación de
miles de ex-trabajadores que no tienen jubilación. Los maestros
de La Paz responsabilizan al gobierno y Félix Condarco, dirigente
de la Asociación de ex trabajadores mineros afirma que "
otros compañeros están dispuestos a sacrificar sus vidas
si el gobierno no atiende los reclamos de quienes , después
de más de 20 años de trabajo en las minas, están
con la salud destrozada y exigen sus derechos." Otro sindicalista,
Luis Mamani, dijo que miles de mineros están dispuestos a marchar
a La Paz, para tomar "decisiones individuales y colectivas"
si no se resuelven sus casos. Y Jaime Solares, secretario ejecutivo
de la COB, la Central Obrera Boliviana advertía que los obreros
están desbordando a las cúpulas sindicales.
Otra convulsión más
de ese volcán social que es Bolivia.
Eustaquio Picachuri, el ex minero de Siglo XX,
se funde ahora con esa misma tierra a la que arrancó mineral
de sus socavones durante más de 15 años. Su tragedia
es la de un pueblo. Su muerte, una impostergable demanda de justicia.
* Carlos Iaquinandi, redacción de SERPAL
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Enviado
por SERPAL, Servicio de Prensa Alternativa
e-mail: serpal@wanadoo.es
Página de SERPAL en Internet: www.serpal.info
2 de abril de 2004
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