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* Envío
de SERPAL 268 - 04
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Ponme tu mano en los ojos,
no quiero verlos entrar;
dicen que nos matan, madre,
para darnos libertad.
María Cebrián
Arévalo. España.
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Amigas, amigos,
Muchas cosas suceden en el mundo y en nuestro continente americano.
Pero necesariamente tenemos que referirnos al horror de los sucesos
en Irak, a la increíble insensatez del gobierno Bush, porque
la influencia de esta barbarie imperial se proyecta sobre todo el
planeta y de continuar, sus consecuencias son imprevisibles.
Bush ha nombrado a John Negroponte como embajador y futuro procónsul
de Irak en sustitución del actual "administrador"
Paul Bremer. Los latinoamericanos tenemos un funesto recuerdo de
este personaje que -entre otras cosas - se desempeñó
como embajador en Tegucigalpa, Honduras, y se convirtió en
el encargado de organizar la estructura paramilitar para controlar
y reprimir los movimientos sociales y revolucionarios en el área
centroamericana. Organismos de derechos humanos lo consideran responsable
de secuestros, torturas y asesinatos de cientos de hondureños
durante la década de los 80. Este es el hombre de Bush para
gestionar la etapa de transición a una "soberanía
limitada" que - reitera- comenzará el 30 de junio en
el Irak ocupado. ( En la que las normas, las leyes y el control
militar - anticipan - seguirá en manos de los ocupantes).
Para limpiar de la memoria de los iraquíes los "malos
recuerdos", deciden también que es tiempo de cambiar
la bandera del país. Y deciden imponer una que destierra
incluso los colores de la enseña anterior. ( Y adopta otros
que evocan a la bandera de Israel ).
El mismo día grupos de ciudadanos iraquíes se dedicaron
a quemar - en absoluto acto de desprecio- la nueva bandera que les
pretendían imponer.
La población civil de Falluja, ciudad iraquí de trescientos
mil habitantes, fué cercada desde hace varios días
por tropas y blindados norteamericanos. Los ocupantes han desencadenado
varios ataques contra lo que definen como "fuerzas de la resistencia",
provocando más de 600 muertos, entre ellos mujeres y niños.
En las últimas horas, han empleado aviones y tanques para
bombardear y ametrallar los barrios de Al Yolan, Al Shuhada y Al
Askari, situados al norte y oeste de la ciudad. Fuentes norteamericanas
indicaron que numerosas casas fueron destruídas, pero no
se indica el número de víctimas. Prácticamente
no hay periodistas en la zona. Alguna cadena norteamericana ha pasado
las imágenes verdosas y difusas de grandes explosiones, convirtiendo
el espanto y la muerte en un video-juego, ascéptico y distante.
Las cancillerías europeas dicen "estar preocupadas".
En realidad están aprendiendo a convivir con el horror y
con la transgresión cotidiana del derecho internacional promovidos
por la Casa Blanca y la obsecuente asistencia del gobierno británico.
( Más de medio centenar de antiguos diplomáticos del
Foreign Office han firmado una carta pública en la que se
declaran "consternados" por el apoyo de Blair a políticas
que consideran que "están condenadas al fracaso"
).
El próximo sábado se cumplirá un año
de la llegada de Bush al portaaviones "Lincoln" entre
fanfarrias triunfales y con uniforme de piloto de combate bajo la
pancarta que indicaba "misión cumplida". La "guerra"
había terminado y la amenaza del arsenal de terribles armas
de destrucción masiva, estaba conjurada. Millares de iraquíes
muertos, muchos más heridos o mutilados, el territorio ocupado,
infraestructuras y viviendas destrozadas y la riqueza petrolífera
del país bajo control norteamericano, era el verdadero saldo
de esa "misión cumplida" .
Ese aire de "hazañas bélicas" se ha disipado.
La verdad fue desmontando toda la sarta de mentiras y de engaños
con las que intentaron justificar su peculiar "guerra".
Y como escribía el periodista Robert Fisk, mientras los británicos
necesitaron tres años para ganarse la enemistad tanto de
sunitas como de chiitas en 1920, los norteamericanos lo están
consiguiendo en menos de un año. Crece la resistencia a los
ocupantes .La coalición se resquebraja y quedan en evidencia
sus promotores.
Es tiempo de recuperar la capacidad colectiva de rechazo a esta
ocupación militar.
Hay para ello muchas más razones y certezas de las que teníamos
hace un año.
Compartimos el texto del escritor chileno Luis Sepúlveda
que hace referencia a la decisión del nuevo gobierno español
de retirar las tropas que en su día envió José
María Aznar en su papel de co-partícipe de la tragicomedia
de Las Azores.
Cordialmente,
Carlos.
SERPAL , Servicio de Prensa Alternativa.
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>> Los soldados
vuelven a casa
Las tropas españolas no debían
ser usadas, ni un día más, como comparsas de una guerra
basada en falsedades y llena de horrores.
por Luis Sepúlveda ( escritor chileno )
Los soldados españoles fueron
enviados a Irak como integrantes de una coalición nacida
a espaldas de la ONU, y para otorgar algún atisbo de legalidad
a una guerra decidida de antemano por EEUU. Esto no debe olvidarse,
y si todavía alguno insiste en presentar lo ocurrido en las
Azores como una reunión de los gobernantes más listos,
responsables o valientes del planeta, entonces miente como un bellaco
desde su oscura mediocridad, y los que comparten su mentira, también.
Los soldados españoles no pueden ser usados al servicio de
un megalómano, y por eso vuelven a casa.
La ocupación militar de Irak
fue presentada como una acción urgente, imprescindible, motivada
por la necesidad de plantar cara al terrorismo integrista islámico
tras los atentados de las Torres Gemelas. Se nos aseguró,
mirando a cámara, que Sadam Husein era cómplice de
Bin Laden, que poseía armas de destrucción masiva
y que su capacidad militar era aterradora. Un año más
tarde, la porfiada realidad demostró que nada era cierto,
y se evidenció que jamás se había mentido tanto
para justificar una guerra innecesaria, ilegal e incomprensible.
Los soldados españoles no pueden ser usados para encubrir
la falsedad de unos timadores de poca monta, por eso vuelven a casa.
Un paseo por la prensa internacional
sirve para descubrir que los inspectores de la ONU encargados de
determinar si Irak tenía o no tenía armas de destrucción
masiva sufrieron todo tipo de presiones, y que apenas unos pocos
días les habrían bastado para concluir que las terribles
armas no eran más que un bluf de Sadam, ese dictador brutal,
aliado del mundo libre en la guerra contra el integrismo de los
ayatolás iranís.
Lo más cercano a un arma de destrucción masiva que
se nos mostró fue un salero exhibido por Colin Powell durante
una de las últimas reuniones del Consejo de Seguridad previas
a la agresión, y ante la mirada extasiada de Ana Palacio,
convertida en doncella de Orleans. Nunca supimos si el salero contenía
ántrax, gas mostaza o plutonio enriquecido. Los soldados
españoles no pueden ser usados como comparsas de un espectáculo
criminal y triste, por eso vuelven a casa.
La sensatez, el sentido común, la madurez democrática
de la mayoría de los europeos convocó a las mayores
manifestaciones contra la guerra de los últimos 50 años.
No debemos olvidar que en España las demostraciones fueron
apabullantes, multitudinarias, pero el Gobierno ignoró esa
vox populi que empezaba a hartarse de tanta mentira y de tanta sumisión
tan extemporánea como innecesaria, toda vez que el destino
de España es europeo o no es.
La primera víctima de la guerra, como siempre, fue la verdad,
pero las otras son igual de importantes: la política exterior
española, las frágiles relaciones con el Magreb, los
esfuerzos europeos por ser una valla de contención al unilateralismo
norteamericano, la vocación de paz y buena vecindad sobre
la que se fundamenta la idea de una Europa unida. Y desde luego
que las más importantes son las víctimas humanas,
las mujeres, niños, hombres y ancianos que han muerto sin
saber por qué y cuyo número real jamás conoceremos.
Los soldados españoles no pueden ser usados para ocultar
los horrores de la guerra, por eso vuelven a casa.
Las guerras dan asco. Da asco saber que, luego del primer relevo
de tropas, en Estados Unidos se realizó una ceremonia patriótica
para nacionalizar a cientos de emigrantes latinoamericanos que regresaban
de Irak. Ésos, y los que regresaron en bolsas de plástico,
no lucharon por "las grandes ideas de la libertad", sino
por un miserable pasaporte que les permitiera sobrevivir en la tierra
de las oportunidades. Da asco saber que más del 80% de la
reconstrucción de Irak y la totalidad de los gastos militares
benefician a una sola empresa, Halliburton, ligada al vicepresidente
Dick Cheney. Da asco leer de la presencia de mercenarios chilenos,
torturadores experimentados y que realizan funciones de inteligencia
para la coalición. Da asco comprobar que Ariel Sharon culmina
con impunidad una operación de limpieza étnica contra
el pueblo palestino, al amparo de la guerra de Irak. Los soldados
españoles también sienten asco, por eso vuelven a
casa.
España no puede continuar en
la indignidad de potencia ocupante, y si un día debe haber
presencia militar española en Irak será cuando la
ONU asuma la misión de poner orden en la región, de
asegurar los mínimos derechos de los iraquís. Lo mejor
que podía hacer el Gobierno era traerlos cuanto antes. Los
soldados españoles vuelven a casa y tal vez regresen a Irak,
mas no para participar en una guerra, sino para ganar la paz.
Fuente: "El Periódico", Barcelona.
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Enviado
por SERPAL, Servicio de Prensa Alternativa
e-mail: serpal@wanadoo.es
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28 de abril de 2004
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