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* Envío
de SERPAL 280 - 04
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"He nacido en el Ecuador,
pero mi patria es América"
Manuela Sáenz
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Amigas, amigos,
En varios países de nuestra América, movimientos sociales
y populares ejercen resistencia a las políticas neoliberales.
Movilizaciones, puebladas y rebeliones han rechazado los proyectos
que pretenden agravar la situación dependiente a través
de la entrega de recursos, riquezas y servicios a las grandes empresas
transnacionales. Pero esa etapa, para no estancarse en una mera
resistencia desgastante y de resultados no siempre favorables para
los intereses mayoritarios, requiere un avance, un paso superador.
Esa nueva etapa requiere pasar del "NO", al "SÏ".
Conocemos las causas del empobrecimiento y la marginación
de nuestros países. Padecemos políticas depredadoras
e injustas que han pretendido mostrarnos como "las únicas
posibles". Pero no hemos construído herramientas para
articular todos los esfuerzos de los movimientos de resistencia,
ni mucho menos alternativas que resulten viables.
Los pueblos siguen con expectativa los procesos en algunos países
del área, como -entre otros - Venezuela, Brasil, Argentina,
Bolivia, México... Todos ellos diferentes, pero en definitiva,
experiencias que desde los gobiernos o desde la oposición,
intentan nuevos caminos y que se distancian del "guión"
marcado por Estados Unidos y los grandes entramados económico-financieros.
Las banderas de la unidad bolivariana de América Latina tienen
una antigua raíz en el continente. La consolidación
del gobierno venezolano a través del reciente referéndum
revocatorio, alienta la perspectiva de avanzar por esas nuevas sendas,
respetando las diferencias, pero procurando convergencia en los
objetivos fundamentales. Así hemos tenido noticias en los
últimos meses, de conversaciones en El Salvador, en Colombia
y en Ecuador para conformar en cada uno de esos países, una
fuerza bolivariana con proyectos que contemplen las necesidades
de sus mayorías. Elaborar y desarrollar estrategias propias,
pensando en el bienestar y el progreso de la gente, no en el beneficio
y provecho de unos pocos.
Estos intentos están en una fase inicial, difícil
y compleja. Están "verdes", pero tienen perspectiva
de madurar. Eso dependerá de la voluntad, coherencia, firmeza,
honestidad e inteligencia de sus componentes. También de
que se aplique la profunda y dolorosa experiencia recogida en los
últimos decenios por los movimientos populares y las corrientes
que por distintos caminos buscaron el cambio y la transformación
de nuestras sociedades.
Dice el adagio que "de donde mas se aprende, es de la derrota".
Si es así, tenemos en América Latina un capital de
sabiduría que hay que empezar a aplicar. Pero no será
un milagro. Habrá que hacerlo.
Cordialmente,
Carlos.
SERPAL , Servicio de Prensa Alternativa.
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>> ECUADOR:
Declaración Fundacional
del Movimiento Pro Republica Bolivariana Del Ecuador.
"Un día resucitará
la Patria"
Eugenio de Santa Cruz y Espejo
En la ciudad de Quito, Capital de la
República del Ecuador, Museo "Manuela Sáenz",
a los dos días del mes de septiembre del año dos mil
cuatro, frente a los símbolos de independencia y soberanía
nacionales, en forma libre y espontánea voluntad, nos reunimos
un grupo de hombres y mujeres, patriotas y bolivarianos de corazón
y convicción, nacidos en diversos lugares de nuestro Ecuador,
conscientes de la crítica situación histórico-política
y económica del país, la Región Andina y de
Latinoamérica en general, con la impostergable decisión
de llevar a feliz término el sueño del Libertador
Bolívar de conformar la Patria Grande con la América
Latina y Caribeña, y
Considerando:
Que en América Latina y el Caribe hemos pasado por múltiples
experiencias de gobiernos que han ofrecido cambios y todo sigue
igual, hasta peor: se ha incrementado la pobreza de la mayoría
de la población y se ha acumulado y concentrado la riqueza
en pocas familias privilegiadas; la deuda externa ha aumentado astronómicamente
y representa el principal obstáculo para el desarrollo, pues
no deja sino escasísimos recursos para la sobrevivencia;
la naturaleza ha sido contaminada y devastada por la explotación
irracional de los recursos renovables y no renovables; la migración
forzada ha desangrado a varios países de mano de obra calificada
y profesionales especializados; en fin, la democracia formal y elitista
ha colapsado restringiendo la participación ciudadana y socapando
la corrupción.
Que en el Ecuador, este estado de cosas ya no puede durar, la aplicación
del modelo neoliberal y las políticas de ajuste estructural
han llevado a la población a situaciones extremas de destrucción
familiar y comunitaria, el tejido social se desgarra y si no cambiamos
aspectos esenciales en las políticas económicas, sociales
y culturales vamos a desaparecer como nación.
Que desapareceremos más rápido todavía si no
nos unimos en un nuevo proyecto de país, si no hacemos de
nuestra sociedad un bloque capaz de resistir a la injerencia imperial,
a las presiones del Banco Mundial, del Fondo Monetario Internacional
y demás organismos multilaterales de crédito.
Que debemos realizar profundos cambios
sociales y económicos internos, vinculados a otro tipo de
política internacional, a otra forma de intercambios comerciales,
a otra forma de concebir la soberanía y la vida en sociedad,
algo diferente al continuo enriquecimiento de una minoría
privilegiada y corrupta.
Que es necesario romper con los estereotipos,
irse contra los prejuicios y las posiciones petrificadas y retrógradas
que nos han mantenido de espaldas, sin propiciar el diálogo
constructivo y las propuestas mancomunadas que nos saquen de la
crisis generalizada asumiendo los problemas desde otros enfoques,
desde horizontes que los partidos políticos tradicionales
son incapaces de pensar y aún, desde innovaciones y enriquecimientos
conceptuales que la academia se ha retrasado en elaborar y que hoy
son los propios movimientos sociales, la masa crítica popular
la que los forja en su lucha cotidiana.
Que provenimos de una gesta heroica
independentista que selló nuestra suerte republicana en los
albores del siglo diecinueve, con un cortejo de actos y actores
excepcionales, que nutrieron de valores y perspectivas libertarias
a todo un continente. Por ello que rescatar y promover el pensamiento
de Simón Bolívar, el Libertador, es una obra por demás
urgente. Dinamizar su vigencia es ya una oposición al neocolonialismo
y al neoliberalismo, porque es fomentar la unidad política
por la libertad, no la constitución de un "área"
para que nuestras naciones se conviertan en simples mercados y las
empresas transnacionales se beneficien con la destrucción
de la economía propia.
Que a la luz de los estudios históricos
y análisis de los momentos más importantes de la vida
del Libertador Simón Bolívar, es incuestionable que
la creación de la Gran Colombia fue la realización
más portentosa desde el punto de vista geopolítico
y geoestratégico. La Gran Colombia fundió en una misma
unidad política a tres grandes espacios nacionales: Venezuela,
Nueva Granada y Quito, que se complementaban, obteniéndose
como resultado de esta unión un nuevo espacio de extraordinaria
y privilegiada situación geoestratégica, que reunía
todos los elementos necesarios para garantizar la prosperidad y
la seguridad de la nueva República.
Que esta unión materializó
la idea integracionista continental, con la existencia de una célula
matriz, destinada a constituir un polo de atracción geopolítica
permanente para otras naciones que tienen afinidad histórica,
geográfica y política con el núcleo inicial.
Que además, la Gran Colombia
fortaleció y aceleró las posibilidades independentistas
de las demás repúblicas, uniendo medios, sacrificios
y esfuerzos. Al respecto, el Libertador Bolívar sintió
con gran intensidad que la unión de las tres naciones era
indestructible, que rara vez nombró aisladamente a Nueva
Granada, Venezuela o Quito. Para Simón Bolívar no
existió sino Gran Colombia, la cual era: "la garantía
de la libertad de América del Sur".
Que para Bolívar, la independencia
era una necesidad de vida, una opción por la libertad y la
equidad. Ya no podían estas tierras y esta población
continuar bajo el yugo colonial. El desarrollo no podía verse
limitado por disposiciones que catalogaban a los americanos como
simples consumidores, con prohibiciones de cultivar los frutos que
se daban en Europa, o con estanco de las producciones que el Rey
monopolizaba o impidiendo instalar fábricas que la misma
Península Ibérica no poseía, o estableciendo
trabas entre provincias para que no se traten, entiendan o negocien.
Que el objetivo imperial de reducir
la economía colonial a simples productores de materias primas
de exportación era uno de los principales escollos a vencer.
Al igual que hoy, no se debía permitir que la economía
nacional quede sometida a los vaivenes del mercado mundial capitalista.
El desarrollo industrial era, por lo mismo, un imperativo ineludible,
con el esfuerzo y los conocimientos propios, partiendo de las bondades
naturales y la capacidad humana de la transformación.
Que en un decreto de mayo de 1820, expedido
en Villa del Rosario, disponía que "no habiendo corporaciones
que promuevan, animen y fomenten la actividad productiva, se ordena
crear una Junta en cada provincia, para fomentar la industria proponiendo
y concediendo premios a los que inventen, perfeccionen, e introduzcan
cualquier arte o género de industria útil, muy especialmente
a los que establezcan fábricas de papel, paño u otras,
a los que mejoren y faciliten la navegación por los ríos".
Había que promover, decía Bolívar: "la
prosperidad nacional por las dos más grandes palancas de
la industria, el trabajo y el saber". La agricultura, la pesca,
los astilleros, los servicios, en particular la educación
y la salud, fueron sus mayores preocupaciones.
"Promover la agricultura en todos
sus ramos y procurar el aumento y mejoras de las crías de
ganado caballar, vacuno y lanar" era uno de los principales
planteamientos del Libertador. Y esto debía ocurrir modernizando
e intensificando los conocimientos "de los principios científicos
de estas artes y facilitando la adquisición de libros y manuscritos
que ilustren al pueblo en esta parte". Para Bolívar,
no era suficiente conceder créditos para robustecer el desarrollo
agrícola a través de un Banco destinado especialmente
para el efecto sino que lo fundamental era la distribución
de la tierra, y en 1825, en el Cuzco, estableció que "cada
individuo, de cualquier sexo o edad que sea, recibirá una
fanegada de tierra en los lugares pingües y regados, en los
lugares privados de riego y estériles recibirá dos
(
) los terrenos destinados a pacer los ganados serán
comunes a todos los individuos"; con lo cual, no sólo
que propiciaba la generación de una capa poderosa de pequeños
propietarios que desarrollen el mercado interno, sino que se adelantaba
con más de un siglo a la reivindicación sobre la equidad
de género, a la vez que respetaba los modos ancestrales de
producción comunal.
Que su preocupación visionaria
no podía dejar de ser integral y en referencia a la infraestructura
y al intercambio recomendaba "animar y dar acción al
comercio interior y exterior por medios semejantes a los anteriores,
reparando o abriendo caminos cómodos y breves por sí
mismo o por contratas, facilitando el tráfico con el establecimiento
de mercados". Sin embargo, en 1829, en previsión de
posibles interpretaciones laxistas de futuros gobernantes no dudó
en advertir que "las minas de cualquier clase pertenecen a
la nación".
Que adelantándose con casi dos
siglos a las preocupaciones ecológicas y ambientalistas,
en 1829, en Guayaquil, Bolívar reglamentó la explotación
de los bosques disponiendo que "Los prefectos de los departamentos
marítimos cuidarán muy particularmente de que se conserven
las maderas, principalmente todas aquellas que puedan servir para
la marina nacional, quinas, palos de tintas", disposición
que no era sino la continuación de una anterior, de 1825,
cuando interesado en el desarrollo de la industria forestal impulsada
por el Estado dispuso "que se emprenda una plantación
reglada a costa del Estado hasta el número de un millón
de árboles, prefiriendo los lugares donde haya más
necesidad de ellos". En el fondo, su aspiración estratégica
era disponer de una flota mercante que libere de la dependencia
de los buques extranjeros que transportaban los productos americanos
beneficiándose leoninamente con los fletes.
Que la lucha contra la corrupción
no fue ajena a sus inquietudes y en razón de defraudaciones
de la renta del tabaco, tan esencial para los ingresos fiscales,
no dudó en disponer que se aplique la pena de muerte contra
los culpables de estos delitos: "todo aquel que fuere convencido
de haber defraudado los caudales de la renta nacional del tabaco
o vendiéndolo clandestinamente fuera del estanco, o dilapidándolos
con robo y manejos ilícitos, será pasado por las armas
y embargados sus bienes para deducir los gastos y perjuicios que
origine".
Que en tiempos de "globalización"
y de supuesta "apertura de los mercados", del ilusorio
"libre comercio" propugnado por las grandes potencias
capitalistas y las empresas transnacionales, cómo no tener
en cuenta las advertencias del Libertador cuando, consciente de
los afanes expansionistas de Estados Unidos, expresaba a Santander
que "América del Norte, siguiendo su conducta aritmética
de negocios, aprovechará la ocasión de hacerse de
las Floridas, de nuestra amistad y de un gran dominio del comercio",
o cuando señalaba que los "Estados Unidos parecen destinados
por la providencia para plagar la América de miseria a nombre
de la libertad".
Que esa aprensión premonitoria
de Bolívar frente a la Doctrina Monroe, que reserva el continente
sólo para los americanos del norte, le llevó a plantear
como única alternativa la unidad de las naciones del sur,
una unidad política y una integración económica,
étnica y cultural; una Confederación de Repúblicas
donde se respete la igualdad y la autonomía de cada una;
una Confederación de países en donde se impulse "la
mutua cooperación de todos ellos que nos eleve a la cumbre
del poder y la prosperidad", es decir una integración
tan sólida y libre "capaz de presentarse con la grandeza
y majestad como nunca nación alguna lo hizo en la historia".
Que las ambiciones, envidias y traiciones
de algunos de los jefes militares que lucharon en las gestas libertarias,
los intereses económicos y políticos de las élites
civiles y las intrigas de Washington, conspiraron y frustraron el
sueño e ideal de Bolívar. La vida de la Gran Colombia
fue efímera, duró apenas diez años y se extinguió
más temprano que su fundador. Pero quedó eternamente
en los anales del tiempo como un hecho histórico de la mayor
trascendencia y como un ejemplo a seguir, en este instante cuando
la unión constituye un imperativo categórico para
los pueblos que luchan desesperadamente ante las presiones, sujeciones
y chantajes de los grandes.
Que la Gran Colombia quedó pendiente
para que otras generaciones cumplamos el supremo ideal bolivariano
de crear una Confederación de países donde se logre:
"La mayor suma de felicidad posible, la mayor suma de seguridad
social y la mayor suma de estabilidad política".
Que en verdad, constituye una evidencia
que ningún país podrá oponerse exitosamente
a la hegemonía imperial ni al modelo neoliberal actuando
aisladamente, sucumbiendo a los ilusorios tratados comerciales bilaterales
con las grandes potencias. Pese al entusiasmo hipócrita de
algunos grandes monopolistas criollos y negociadores oficiales del
ALCA y los TLC, la realidad tangible es que la inmensa mayoría
de empresas privadas latinoamericanas no está en condiciones
de competir y sobrevivir en el mercado mundial. Por lo cual, la
única alternativa real de afrontar la depredación
del ajuste estructural y el aperturismo indiscriminado es la unidad
de nuestros países, la construcción de alianzas que
realmente articulen las fortalezas y potencialidades de la región,
que fomenten la sinergia de los países y de los pueblos más
allá del ámbito económico.
Que algunos no dejarán de considerar
anticuado inspirarse en nuestros próceres, caracterizarán
como arcaísmo el alinearse en sus proclamas y utopías;
y, hasta clasificarán como ridículo el traer a colación
analítica sus categorías y valores, ubicados como
están en la modernidad importada o en las divagaciones de
la posmodernidad, felices de quedarse sin identidad, maravillados
por el mundo virtual de la globalización neoliberal.
Que los tiempos de la mera resistencia
al anexionismo del norte se están agotando y es hora de pasar
a la ofensiva, es hora de establecer fórmulas concretas para
poder sostener a nuestras maltrechas economías, fomentar
empleo productivo y producir los alimentos que mitiguen el hambre
de millones de seres humanos excluidos. Necesitamos configurar un
proyecto nacionalista y latinoamericanista con políticas
públicas que permitan al Estado realizaciones que se mantengan
frente al mercado, una posibilidad de que la competencia desleal
no nos aniquile.
Que los esfuerzos por construir un proyecto
alternativo global latinoamericano y caribeño ya han dado
sus primeros pasos y desde Venezuela, Brasil y Argentina se convoca
a otro tipo de integración, se adelantan compromisos sobre
nuevas bases de intercambio, neutralizando las asimetrías,
equilibrando los desfases del desarrollo ocurridos en cada realidad
local, sorteando las múltiples trampas de la economía
de mercado. Estos avances no pueden ocurrir sin tropiezos, sin reticencias
de todo tipo, ya que cómo es lógico, son cambios que
se forjan en medio de contradicciones internas de clase y limitaciones
externas de mercado.
Que sin duda alguna, hay que propiciar
la convergencia latinoamericana, estableciendo las condiciones y
parámetros mínimos de equidad en el intercambio comercial,
incluyendo indicadores sociales en los procesos; hay que apostarle
a la complementariedad entre las diversas economías y países
de la región, buscar la cooperación y no la competencia,
alentar la emulación y no la rivalidad; hay que fortalecer
la solidaridad, a fin de que los más grandes no se beneficien
de su tamaño sino que incorporen a los pequeños a
su dinámica de progreso; en fin, se debe concretar y garantizar
la operatividad de los cambios, aprovechar la institucionalidad
política y económica para consolidarlos y difundirlos;
importante rol juegan aquí el fortalecimiento y la utilidad
del Parlamento Latinoamericano, el Banco Sudamericano, el Consejo
Latinoamericano de Energía, el SELA, la ALADI, la CAN, y
en particular el MERCOSUR.
Por lo expuesto, y considerando que
los pueblos de Nuestra América, con nuestras luchas cotidianas
estamos maduros para construir un proyecto liberador sobre sólidas
bases políticas, económicas, sociales y culturales.
Resolvemos impulsar los objetivos siguientes:
Asumir la tarea de superar todo tipo
de dominación política, económica, social,
militar, cultural y tecnológica en el Ecuador y América
Latina.
Coadyuvar en la lucha por el desarrollo
integral de los ciudadanos y ciudadanas, y de los pueblos, fundamentados
en los principios de equidad económico-social, la defensa
y conservación del medio ambiente, el rescate y respeto de
nuestra soberanía nacional, la independencia, la integridad
social y a identidad cultural.
Construir la integración bolivariana
regional y continental, basada en la igualdad y autonomía
de los Estados, en la autodeterminación de los pueblos, en
el equilibrio del intercambio comercial y demás aspectos
que conducen al bienestar de los seres humanos.
Perspectivas:
A nivel nacional, la tarea es ardua
pero no imposible. La existencia de un adversario imperial común
a nuestros pueblos oprimidos y la permanencia de un modelo neoliberal
excluyente, demanda plantearse el sentido de los cambios y el contrasentido
de la división y la dispersión de las fuerzas progresistas
de la Nación.
Construir un bloque de fuerzas alternativas
al neoliberalismo en un marco de fraternidad y transparencia es
un desafío subjetivo de envergadura, sin el cual no hay sujeto
social político actuante con eficacia y oportunidad.
La unidad de los sectores sociales y
organizaciones interesadas en el cambio político se ha convertido
en un tema tan reiterativo como decepcionante. Los consensos no
rebasan el coyunturalismo electoral o las escasas tareas fiscalizadoras
parlamentarias. Viejos dogmas o personalismos mezquinos impiden
avanzar. Esto tampoco puede durar y deben establecerse compromisos
con desprendimiento y acuerdos con lealtad. Acuerdos que no se circunscriban
a actuaciones en espacios institucionales derivados de la aritmética
electoral, divorciadas de las luchas sociales, sino al pacto nacional
por el nacimiento de la República Bolivariana del Ecuador.
Asumir el ideario bolivariano nos conduce
por nuevos caminos, por los senderos de la construcción de
una República realmente soberana y una democracia participativa
de amplio protagonismo ciudadano y comunitario. Esto requiere la
formación de nuevos liderazgos, una educación política
dirigida a adquirir destrezas para el manejo de la gerencia pública
y la obligación de gobernar con ética. No sólo
debemos formar dirigentes para conquistar el gobierno, sino también
instruir gobernantes para construir el poder popular.
Construir el Movimiento por República
Bolivariana del Ecuador no es una propuesta etérea ni una
copia de la experiencia venezolana; es un compromiso por los cambios
profundos, con una agenda política amplia y autónoma,
que abra espacios plurales con fines de unidad policlasista, interétnica
e intercultural, ajena al regionalismo aunque presente por la unidad
nacional y la integración continental.
Este movimiento no es una etiqueta del
espectro político electoral, sino una respuesta a la dispersión
y al desasosiego, no es una congregación voluntarista de
concertación de intereses sino una iniciativa incluyente
para la acción política que supere el viejo orden
y la remozada hegemonía imperial en Ecuador y Nuestra América.
En acto unánime, firme y decidido,
prudente y responsable, e n testimonio y respaldo de esta decisión,
suscribimos la presente DECLARACIÓN, con la firme promesa
de permanecer férreamente unidos, por sobre las lógicas
y naturales diferencias de credo y opinión que todos los
seres humanos tenemos, para la lucha por la constitución
de la República Bolivariana del Ecuador y de la Patria Grande.
CRNL. MsC. Jorge Luis Brito Albuja,
Sra. Miran Cevallos Endara, Ing. Víctor Hugo Jijón,
Lcdo. Luis Maldonado Lince, Sr. Edgar Ponce Turriaga, Sr. Alexis
Ponce Bustillos, Sr. Guilberto Talahua Paucar, GRAL. René
Vargas Pazzos
* Fuente: Congreso Bolivariano de los
Pueblos. www.congresobolivariano.org/
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Enviado
por SERPAL, Servicio de Prensa Alternativa
e-mail: serpal@wanadoo.es
Página de SERPAL en Internet: www.serpal.info
10 de septiembre de 2004
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