SERPAL
10 de Septiembre de 2004

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* Envío de SERPAL 280 - 04
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"He nacido en el Ecuador, pero mi patria es América"
Manuela Sáenz
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Amigas, amigos,

En varios países de nuestra América, movimientos sociales y populares ejercen resistencia a las políticas neoliberales. Movilizaciones, puebladas y rebeliones han rechazado los proyectos que pretenden agravar la situación dependiente a través de la entrega de recursos, riquezas y servicios a las grandes empresas transnacionales. Pero esa etapa, para no estancarse en una mera resistencia desgastante y de resultados no siempre favorables para los intereses mayoritarios, requiere un avance, un paso superador. Esa nueva etapa requiere pasar del "NO", al "SÏ". Conocemos las causas del empobrecimiento y la marginación de nuestros países. Padecemos políticas depredadoras e injustas que han pretendido mostrarnos como "las únicas posibles". Pero no hemos construído herramientas para articular todos los esfuerzos de los movimientos de resistencia, ni mucho menos alternativas que resulten viables.

Los pueblos siguen con expectativa los procesos en algunos países del área, como -entre otros - Venezuela, Brasil, Argentina, Bolivia, México... Todos ellos diferentes, pero en definitiva, experiencias que desde los gobiernos o desde la oposición, intentan nuevos caminos y que se distancian del "guión" marcado por Estados Unidos y los grandes entramados económico-financieros.

Las banderas de la unidad bolivariana de América Latina tienen una antigua raíz en el continente. La consolidación del gobierno venezolano a través del reciente referéndum revocatorio, alienta la perspectiva de avanzar por esas nuevas sendas, respetando las diferencias, pero procurando convergencia en los objetivos fundamentales. Así hemos tenido noticias en los últimos meses, de conversaciones en El Salvador, en Colombia y en Ecuador para conformar en cada uno de esos países, una fuerza bolivariana con proyectos que contemplen las necesidades de sus mayorías. Elaborar y desarrollar estrategias propias, pensando en el bienestar y el progreso de la gente, no en el beneficio y provecho de unos pocos.

Estos intentos están en una fase inicial, difícil y compleja. Están "verdes", pero tienen perspectiva de madurar. Eso dependerá de la voluntad, coherencia, firmeza, honestidad e inteligencia de sus componentes. También de que se aplique la profunda y dolorosa experiencia recogida en los últimos decenios por los movimientos populares y las corrientes que por distintos caminos buscaron el cambio y la transformación de nuestras sociedades.

Dice el adagio que "de donde mas se aprende, es de la derrota". Si es así, tenemos en América Latina un capital de sabiduría que hay que empezar a aplicar. Pero no será un milagro. Habrá que hacerlo.

Cordialmente,
Carlos.

SERPAL , Servicio de Prensa Alternativa.

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>> ECUADOR: Declaración Fundacional
del Movimiento Pro Republica Bolivariana Del Ecuador.

"Un día resucitará la Patria"
Eugenio de Santa Cruz y Espejo

En la ciudad de Quito, Capital de la República del Ecuador, Museo "Manuela Sáenz", a los dos días del mes de septiembre del año dos mil cuatro, frente a los símbolos de independencia y soberanía nacionales, en forma libre y espontánea voluntad, nos reunimos un grupo de hombres y mujeres, patriotas y bolivarianos de corazón y convicción, nacidos en diversos lugares de nuestro Ecuador, conscientes de la crítica situación histórico-política y económica del país, la Región Andina y de Latinoamérica en general, con la impostergable decisión de llevar a feliz término el sueño del Libertador Bolívar de conformar la Patria Grande con la América Latina y Caribeña, y

Considerando:

Que en América Latina y el Caribe hemos pasado por múltiples experiencias de gobiernos que han ofrecido cambios y todo sigue igual, hasta peor: se ha incrementado la pobreza de la mayoría de la población y se ha acumulado y concentrado la riqueza en pocas familias privilegiadas; la deuda externa ha aumentado astronómicamente y representa el principal obstáculo para el desarrollo, pues no deja sino escasísimos recursos para la sobrevivencia; la naturaleza ha sido contaminada y devastada por la explotación irracional de los recursos renovables y no renovables; la migración forzada ha desangrado a varios países de mano de obra calificada y profesionales especializados; en fin, la democracia formal y elitista ha colapsado restringiendo la participación ciudadana y socapando la corrupción.

Que en el Ecuador, este estado de cosas ya no puede durar, la aplicación del modelo neoliberal y las políticas de ajuste estructural han llevado a la población a situaciones extremas de destrucción familiar y comunitaria, el tejido social se desgarra y si no cambiamos aspectos esenciales en las políticas económicas, sociales y culturales vamos a desaparecer como nación.

Que desapareceremos más rápido todavía si no nos unimos en un nuevo proyecto de país, si no hacemos de nuestra sociedad un bloque capaz de resistir a la injerencia imperial, a las presiones del Banco Mundial, del Fondo Monetario Internacional y demás organismos multilaterales de crédito.

Que debemos realizar profundos cambios sociales y económicos internos, vinculados a otro tipo de política internacional, a otra forma de intercambios comerciales, a otra forma de concebir la soberanía y la vida en sociedad, algo diferente al continuo enriquecimiento de una minoría privilegiada y corrupta.

Que es necesario romper con los estereotipos, irse contra los prejuicios y las posiciones petrificadas y retrógradas que nos han mantenido de espaldas, sin propiciar el diálogo constructivo y las propuestas mancomunadas que nos saquen de la crisis generalizada asumiendo los problemas desde otros enfoques, desde horizontes que los partidos políticos tradicionales son incapaces de pensar y aún, desde innovaciones y enriquecimientos conceptuales que la academia se ha retrasado en elaborar y que hoy son los propios movimientos sociales, la masa crítica popular la que los forja en su lucha cotidiana.

Que provenimos de una gesta heroica independentista que selló nuestra suerte republicana en los albores del siglo diecinueve, con un cortejo de actos y actores excepcionales, que nutrieron de valores y perspectivas libertarias a todo un continente. Por ello que rescatar y promover el pensamiento de Simón Bolívar, el Libertador, es una obra por demás urgente. Dinamizar su vigencia es ya una oposición al neocolonialismo y al neoliberalismo, porque es fomentar la unidad política por la libertad, no la constitución de un "área" para que nuestras naciones se conviertan en simples mercados y las empresas transnacionales se beneficien con la destrucción de la economía propia.

Que a la luz de los estudios históricos y análisis de los momentos más importantes de la vida del Libertador Simón Bolívar, es incuestionable que la creación de la Gran Colombia fue la realización más portentosa desde el punto de vista geopolítico y geoestratégico. La Gran Colombia fundió en una misma unidad política a tres grandes espacios nacionales: Venezuela, Nueva Granada y Quito, que se complementaban, obteniéndose como resultado de esta unión un nuevo espacio de extraordinaria y privilegiada situación geoestratégica, que reunía todos los elementos necesarios para garantizar la prosperidad y la seguridad de la nueva República.

Que esta unión materializó la idea integracionista continental, con la existencia de una célula matriz, destinada a constituir un polo de atracción geopolítica permanente para otras naciones que tienen afinidad histórica, geográfica y política con el núcleo inicial.

Que además, la Gran Colombia fortaleció y aceleró las posibilidades independentistas de las demás repúblicas, uniendo medios, sacrificios y esfuerzos. Al respecto, el Libertador Bolívar sintió con gran intensidad que la unión de las tres naciones era indestructible, que rara vez nombró aisladamente a Nueva Granada, Venezuela o Quito. Para Simón Bolívar no existió sino Gran Colombia, la cual era: "la garantía de la libertad de América del Sur".

Que para Bolívar, la independencia era una necesidad de vida, una opción por la libertad y la equidad. Ya no podían estas tierras y esta población continuar bajo el yugo colonial. El desarrollo no podía verse limitado por disposiciones que catalogaban a los americanos como simples consumidores, con prohibiciones de cultivar los frutos que se daban en Europa, o con estanco de las producciones que el Rey monopolizaba o impidiendo instalar fábricas que la misma Península Ibérica no poseía, o estableciendo trabas entre provincias para que no se traten, entiendan o negocien.

Que el objetivo imperial de reducir la economía colonial a simples productores de materias primas de exportación era uno de los principales escollos a vencer. Al igual que hoy, no se debía permitir que la economía nacional quede sometida a los vaivenes del mercado mundial capitalista. El desarrollo industrial era, por lo mismo, un imperativo ineludible, con el esfuerzo y los conocimientos propios, partiendo de las bondades naturales y la capacidad humana de la transformación.

Que en un decreto de mayo de 1820, expedido en Villa del Rosario, disponía que "no habiendo corporaciones que promuevan, animen y fomenten la actividad productiva, se ordena crear una Junta en cada provincia, para fomentar la industria proponiendo y concediendo premios a los que inventen, perfeccionen, e introduzcan cualquier arte o género de industria útil, muy especialmente a los que establezcan fábricas de papel, paño u otras, a los que mejoren y faciliten la navegación por los ríos". Había que promover, decía Bolívar: "la prosperidad nacional por las dos más grandes palancas de la industria, el trabajo y el saber". La agricultura, la pesca, los astilleros, los servicios, en particular la educación y la salud, fueron sus mayores preocupaciones.

"Promover la agricultura en todos sus ramos y procurar el aumento y mejoras de las crías de ganado caballar, vacuno y lanar" era uno de los principales planteamientos del Libertador. Y esto debía ocurrir modernizando e intensificando los conocimientos "de los principios científicos de estas artes y facilitando la adquisición de libros y manuscritos que ilustren al pueblo en esta parte". Para Bolívar, no era suficiente conceder créditos para robustecer el desarrollo agrícola a través de un Banco destinado especialmente para el efecto sino que lo fundamental era la distribución de la tierra, y en 1825, en el Cuzco, estableció que "cada individuo, de cualquier sexo o edad que sea, recibirá una fanegada de tierra en los lugares pingües y regados, en los lugares privados de riego y estériles recibirá dos (…) los terrenos destinados a pacer los ganados serán comunes a todos los individuos"; con lo cual, no sólo que propiciaba la generación de una capa poderosa de pequeños propietarios que desarrollen el mercado interno, sino que se adelantaba con más de un siglo a la reivindicación sobre la equidad de género, a la vez que respetaba los modos ancestrales de producción comunal.

Que su preocupación visionaria no podía dejar de ser integral y en referencia a la infraestructura y al intercambio recomendaba "animar y dar acción al comercio interior y exterior por medios semejantes a los anteriores, reparando o abriendo caminos cómodos y breves por sí mismo o por contratas, facilitando el tráfico con el establecimiento de mercados". Sin embargo, en 1829, en previsión de posibles interpretaciones laxistas de futuros gobernantes no dudó en advertir que "las minas de cualquier clase pertenecen a la nación".

Que adelantándose con casi dos siglos a las preocupaciones ecológicas y ambientalistas, en 1829, en Guayaquil, Bolívar reglamentó la explotación de los bosques disponiendo que "Los prefectos de los departamentos marítimos cuidarán muy particularmente de que se conserven las maderas, principalmente todas aquellas que puedan servir para la marina nacional, quinas, palos de tintas", disposición que no era sino la continuación de una anterior, de 1825, cuando interesado en el desarrollo de la industria forestal impulsada por el Estado dispuso "que se emprenda una plantación reglada a costa del Estado hasta el número de un millón de árboles, prefiriendo los lugares donde haya más necesidad de ellos". En el fondo, su aspiración estratégica era disponer de una flota mercante que libere de la dependencia de los buques extranjeros que transportaban los productos americanos beneficiándose leoninamente con los fletes.

Que la lucha contra la corrupción no fue ajena a sus inquietudes y en razón de defraudaciones de la renta del tabaco, tan esencial para los ingresos fiscales, no dudó en disponer que se aplique la pena de muerte contra los culpables de estos delitos: "todo aquel que fuere convencido de haber defraudado los caudales de la renta nacional del tabaco o vendiéndolo clandestinamente fuera del estanco, o dilapidándolos con robo y manejos ilícitos, será pasado por las armas y embargados sus bienes para deducir los gastos y perjuicios que origine".

Que en tiempos de "globalización" y de supuesta "apertura de los mercados", del ilusorio "libre comercio" propugnado por las grandes potencias capitalistas y las empresas transnacionales, cómo no tener en cuenta las advertencias del Libertador cuando, consciente de los afanes expansionistas de Estados Unidos, expresaba a Santander que "América del Norte, siguiendo su conducta aritmética de negocios, aprovechará la ocasión de hacerse de las Floridas, de nuestra amistad y de un gran dominio del comercio", o cuando señalaba que los "Estados Unidos parecen destinados por la providencia para plagar la América de miseria a nombre de la libertad".

Que esa aprensión premonitoria de Bolívar frente a la Doctrina Monroe, que reserva el continente sólo para los americanos del norte, le llevó a plantear como única alternativa la unidad de las naciones del sur, una unidad política y una integración económica, étnica y cultural; una Confederación de Repúblicas donde se respete la igualdad y la autonomía de cada una; una Confederación de países en donde se impulse "la mutua cooperación de todos ellos que nos eleve a la cumbre del poder y la prosperidad", es decir una integración tan sólida y libre "capaz de presentarse con la grandeza y majestad como nunca nación alguna lo hizo en la historia".

Que las ambiciones, envidias y traiciones de algunos de los jefes militares que lucharon en las gestas libertarias, los intereses económicos y políticos de las élites civiles y las intrigas de Washington, conspiraron y frustraron el sueño e ideal de Bolívar. La vida de la Gran Colombia fue efímera, duró apenas diez años y se extinguió más temprano que su fundador. Pero quedó eternamente en los anales del tiempo como un hecho histórico de la mayor trascendencia y como un ejemplo a seguir, en este instante cuando la unión constituye un imperativo categórico para los pueblos que luchan desesperadamente ante las presiones, sujeciones y chantajes de los grandes.

Que la Gran Colombia quedó pendiente para que otras generaciones cumplamos el supremo ideal bolivariano de crear una Confederación de países donde se logre: "La mayor suma de felicidad posible, la mayor suma de seguridad social y la mayor suma de estabilidad política".

Que en verdad, constituye una evidencia que ningún país podrá oponerse exitosamente a la hegemonía imperial ni al modelo neoliberal actuando aisladamente, sucumbiendo a los ilusorios tratados comerciales bilaterales con las grandes potencias. Pese al entusiasmo hipócrita de algunos grandes monopolistas criollos y negociadores oficiales del ALCA y los TLC, la realidad tangible es que la inmensa mayoría de empresas privadas latinoamericanas no está en condiciones de competir y sobrevivir en el mercado mundial. Por lo cual, la única alternativa real de afrontar la depredación del ajuste estructural y el aperturismo indiscriminado es la unidad de nuestros países, la construcción de alianzas que realmente articulen las fortalezas y potencialidades de la región, que fomenten la sinergia de los países y de los pueblos más allá del ámbito económico.

Que algunos no dejarán de considerar anticuado inspirarse en nuestros próceres, caracterizarán como arcaísmo el alinearse en sus proclamas y utopías; y, hasta clasificarán como ridículo el traer a colación analítica sus categorías y valores, ubicados como están en la modernidad importada o en las divagaciones de la posmodernidad, felices de quedarse sin identidad, maravillados por el mundo virtual de la globalización neoliberal.

Que los tiempos de la mera resistencia al anexionismo del norte se están agotando y es hora de pasar a la ofensiva, es hora de establecer fórmulas concretas para poder sostener a nuestras maltrechas economías, fomentar empleo productivo y producir los alimentos que mitiguen el hambre de millones de seres humanos excluidos. Necesitamos configurar un proyecto nacionalista y latinoamericanista con políticas públicas que permitan al Estado realizaciones que se mantengan frente al mercado, una posibilidad de que la competencia desleal no nos aniquile.

Que los esfuerzos por construir un proyecto alternativo global latinoamericano y caribeño ya han dado sus primeros pasos y desde Venezuela, Brasil y Argentina se convoca a otro tipo de integración, se adelantan compromisos sobre nuevas bases de intercambio, neutralizando las asimetrías, equilibrando los desfases del desarrollo ocurridos en cada realidad local, sorteando las múltiples trampas de la economía de mercado. Estos avances no pueden ocurrir sin tropiezos, sin reticencias de todo tipo, ya que cómo es lógico, son cambios que se forjan en medio de contradicciones internas de clase y limitaciones externas de mercado.

Que sin duda alguna, hay que propiciar la convergencia latinoamericana, estableciendo las condiciones y parámetros mínimos de equidad en el intercambio comercial, incluyendo indicadores sociales en los procesos; hay que apostarle a la complementariedad entre las diversas economías y países de la región, buscar la cooperación y no la competencia, alentar la emulación y no la rivalidad; hay que fortalecer la solidaridad, a fin de que los más grandes no se beneficien de su tamaño sino que incorporen a los pequeños a su dinámica de progreso; en fin, se debe concretar y garantizar la operatividad de los cambios, aprovechar la institucionalidad política y económica para consolidarlos y difundirlos; importante rol juegan aquí el fortalecimiento y la utilidad del Parlamento Latinoamericano, el Banco Sudamericano, el Consejo Latinoamericano de Energía, el SELA, la ALADI, la CAN, y en particular el MERCOSUR.

Por lo expuesto, y considerando que los pueblos de Nuestra América, con nuestras luchas cotidianas estamos maduros para construir un proyecto liberador sobre sólidas bases políticas, económicas, sociales y culturales.

Resolvemos impulsar los objetivos siguientes:

Asumir la tarea de superar todo tipo de dominación política, económica, social, militar, cultural y tecnológica en el Ecuador y América Latina.

Coadyuvar en la lucha por el desarrollo integral de los ciudadanos y ciudadanas, y de los pueblos, fundamentados en los principios de equidad económico-social, la defensa y conservación del medio ambiente, el rescate y respeto de nuestra soberanía nacional, la independencia, la integridad social y a identidad cultural.

Construir la integración bolivariana regional y continental, basada en la igualdad y autonomía de los Estados, en la autodeterminación de los pueblos, en el equilibrio del intercambio comercial y demás aspectos que conducen al bienestar de los seres humanos.

Perspectivas:

A nivel nacional, la tarea es ardua pero no imposible. La existencia de un adversario imperial común a nuestros pueblos oprimidos y la permanencia de un modelo neoliberal excluyente, demanda plantearse el sentido de los cambios y el contrasentido de la división y la dispersión de las fuerzas progresistas de la Nación.

Construir un bloque de fuerzas alternativas al neoliberalismo en un marco de fraternidad y transparencia es un desafío subjetivo de envergadura, sin el cual no hay sujeto social político actuante con eficacia y oportunidad.

La unidad de los sectores sociales y organizaciones interesadas en el cambio político se ha convertido en un tema tan reiterativo como decepcionante. Los consensos no rebasan el coyunturalismo electoral o las escasas tareas fiscalizadoras parlamentarias. Viejos dogmas o personalismos mezquinos impiden avanzar. Esto tampoco puede durar y deben establecerse compromisos con desprendimiento y acuerdos con lealtad. Acuerdos que no se circunscriban a actuaciones en espacios institucionales derivados de la aritmética electoral, divorciadas de las luchas sociales, sino al pacto nacional por el nacimiento de la República Bolivariana del Ecuador.

Asumir el ideario bolivariano nos conduce por nuevos caminos, por los senderos de la construcción de una República realmente soberana y una democracia participativa de amplio protagonismo ciudadano y comunitario. Esto requiere la formación de nuevos liderazgos, una educación política dirigida a adquirir destrezas para el manejo de la gerencia pública y la obligación de gobernar con ética. No sólo debemos formar dirigentes para conquistar el gobierno, sino también instruir gobernantes para construir el poder popular.

Construir el Movimiento por República Bolivariana del Ecuador no es una propuesta etérea ni una copia de la experiencia venezolana; es un compromiso por los cambios profundos, con una agenda política amplia y autónoma, que abra espacios plurales con fines de unidad policlasista, interétnica e intercultural, ajena al regionalismo aunque presente por la unidad nacional y la integración continental.

Este movimiento no es una etiqueta del espectro político electoral, sino una respuesta a la dispersión y al desasosiego, no es una congregación voluntarista de concertación de intereses sino una iniciativa incluyente para la acción política que supere el viejo orden y la remozada hegemonía imperial en Ecuador y Nuestra América.

En acto unánime, firme y decidido, prudente y responsable, e n testimonio y respaldo de esta decisión, suscribimos la presente DECLARACIÓN, con la firme promesa de permanecer férreamente unidos, por sobre las lógicas y naturales diferencias de credo y opinión que todos los seres humanos tenemos, para la lucha por la constitución de la República Bolivariana del Ecuador y de la Patria Grande.

CRNL. MsC. Jorge Luis Brito Albuja, Sra. Miran Cevallos Endara, Ing. Víctor Hugo Jijón, Lcdo. Luis Maldonado Lince, Sr. Edgar Ponce Turriaga, Sr. Alexis Ponce Bustillos, Sr. Guilberto Talahua Paucar, GRAL. René Vargas Pazzos

* Fuente: Congreso Bolivariano de los Pueblos. www.congresobolivariano.org/

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10 de septiembre de 2004
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