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* Envío
de SERPAL 282 - 04
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"La gente siempre puede
ser llevada a obedecer las órdenes de los líderes.
Todo lo que hay que decirle es que está siendo atacada y
denunciar a los pacifistas
por falta de patriotismo y por poner al país en peligro.
Esto funciona en cualquier país".
( Cita del discurso de Hermann
Goering, Mariscal del Tercer Reich,
durante su juicio en Nuremberg )
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Amigas, amigos,
El ataque, la invasión y la ocupación de Irak constituyó
un acto ilegal, injustificado y que debería avergonzar a
toda la comunidad internacional. Así lo entendimos millones
de ciudadanos en todo el mundo, que en plazas y calles rechazamos
esa "guerra" y denunciamos sus verdaderos objetivos: el
control geoestratégico en la región y la apropiación
de una de las más importantes reservas petroleras del planeta.
Pero a más de un año de que Bush, con ropa de combate
y a bordo de un portaaviones proclamara la "victoria",
la zona se ha convertido en una de las más inseguras y martirizadas
del planeta. Diariamente los aviones, helicópteros y tanques
de los ocupantes anglo-norteamericanos bombardean supuestos refugios
de "terroristas de Al Quaeda" en Falujha, en Bagdad, en
Tikrit...con el invariable saldo de muertos civiles, y entre ellos
mujeres y niños. La "reconstrucción" es
un espejismo para la población y un negocio para los grandes
consorcios norteamericanos con Halliburton a la cabeza. Además
de las miles de víctimas, de los daños irreparables
a las infraestructuras del país, los ocupantes suman la destrucción
de la cultura y las costumbres de los iraquíes. La misión
especial de expertos enviados por Bush para encontrar las armas
de destrucción masiva, volvió confirmando lo que todos
sabíamos: no las hay, ni listas para utilizar en menos de
una hora, ni almacenadas, ni en proceso de fabricación.
Y la prometida pacificación" en Medio Oriente, se transformó
en una sucesión de masacres, la ocupación de nuevos
territorios palestinos y el ominoso muro de Sharon.
El mundo parece haberse
acostumbrado a estas gravísimas transgresiones al derecho
internacional, a la verdad, a los principios que inspiran la Carta
de las Naciones Unidas. Incluso se acepta que el secretario general
del organismo, Kofi Annan repita que esta
"guerra" es ilegal, sin que nada ocurra para poner fin
a esta barbarie cotidiana.
En Estados Unidos, los candidatos presidenciales, Kerry y el propio
Bush, compiten con un guión similar, con el "patriotismo"
y la "seguridad nacional" como lemas de campaña.
El procónsul títere, dice en Bagdad lo que desde Washington
afirman sus amos: en enero habrá elecciones en Irak, para
"democratizar" el país. Demasiada ficción
para una novela, demasiado horror y mentiras para la realidad que
es.
Los ciudadanos norteamericanos,
en su mayoría, siguen creyendo que ocupar Irak fue un acto
de legítima defensa. Pero empiezan a no entender porqué
esa resistencia a ser "liberados". Lo único que
realmente conmueve sus certezas es el constante goteo de
muertos y heridos entre sus tropas, entre los cuales, por supuesto
no suele haber familiares de quienes desde el gobierno o desde la
oposición alentaron o justificaron la invasión. Finalmente,
la realidad les golpeará como sucedió en Vietnam.
Pero para entonces el balance de muertos, heridos y destrucción
habrá aumentado mucho más. Y la inestabilidad y la
inseguridad se expandirán por el planeta.
Como ciudadanos del mundo se nos plantea la opción: asistir
mas o menos pasivos al deterioro, a la injusticia, a las muertes
diarias, o volver a movilizarnos con fuerza, a organizarnos para
decir basta, para que se escuche la voz de los pueblos.
La primera, el silencio y la tolerancia con el crimen imperial tiene
un nombre: complicidad.
La segunda, es asumir la defensa de ese otro mundo posible del que
tanto hablamos, pero que sigue siendo un proyecto a construir.
Compartimos esta crónica
que escribió Robert Fisk, corresponsal del diario The Independent,
especialmente para sus lectores británicos, pero cuyas reflexiones
y datos, son útiles para comprender el aderezo de mentiras
que acompaña el empeño guerrero
de George Bush y Tony Blair.
Cordialmente,
Carlos.
SERPAL , Servicio de Prensa Alternativa.
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>> Mientras
peor se pone Irak, mayores mentiras
Por Robert Fisk.
Nos encontramos ahora en la peor crisis
desde la última crisis más grande. Así es como
manejamos la guerra en Irak, o la segunda guerra en Irak, como lord
Blair de Kut al Amara (1) quiere que creamos. Los captores hacen
desfilar a los rehenes en overoles naranjas para recordarnos Bahía
de Guantánamo. Exigen la liberación de mujeres aprisionadas
por los estadounidenses. Se refieren a Abu Ghraib. ¿Abu Ghraib?
¿Alguien se acuerda de Abu Ghraib? ¿Recuerdan esas
sucias instantáneas? Pero no se preocupen. No es ese el Estados
Unidos que el presidente George W. Bush reconoció y, además,
estamos castigando a las manzanas podridas, ¿no?
¿Mujeres? Bueno, sólo
queda un par de damas por allí, y se trata de la doctora
Germen y la doctora Antrax. Pero los árabes no olvidan con
tanta facilidad. Fue una libanesa, Samia Melki, la primera en entender
la verdadera semántica que tuvieron esas fotografías
de Abu Ghraib para el mundo árabe. El iraquí desnudo,
con el cuerpo embarrado de excremento, de espaldas a la cámara
fotográfica con los brazos extendidos frente a ese estadounidense
rubio que sujetaba un palo con ademán de macho, poseía
"todo el drama y los colores contrastantes de un cuadro de
Caravaggio", escribió ella en Counterpunch.
Lo mejor del arte barroco invita al
espectador a ser parte de la obra. "Obligado a caminar en línea
recta con las piernas cruzadas, con el torso ligeramente ladeado
y los brazos extendidos para no perder el equilibrio, el cuerpo
fornido del prisionero iraquí, acentuado por el excremento
y la escasa luz, se extiende como un crucifijo. Exudando una dignidad
negada durante mucho tiempo, el árabe sufre por los pecados
del mundo."
Y eso, me temo, es el menor sufrimiento
que ha habido en Abu Ghraib. ¿Qué ocurrió con
todos esos videos que se exhibieron en secreto a los miembros del
Congreso estadounidense y que a nosotros -el público- no
nos dejaron ver? ¿Por qué de pronto nos olvidamos
de Abu Ghraib?
Seymour Hersh, el periodista que reveló
el caso de Abu Ghraib -uno de los pocos en Estados Unidos que cumplen
con su labor-, ha hablado en público de lo ocurrido en esa
cárcel terrible.
Debo a un lector el siguiente extracto de una conferencia reciente
de Hersh: "Ustedes no conocen algunas de las peores cosas que
sucedieron. Hay videos de mujeres. Tal vez algunos de ustedes hayan
leído que ellas mandaron cartas a sus hombres. Estaban en
Abu Ghraib. Enviaban mensajes en los que pedían 'por favor,
ven y mátame por lo que ha pasado'. Y lo que había
pasado en esencia era que esas mujeres habían sido detenidas
junto con sus hijos, y existe registro de que los chicos fueron
sodomizados mientras las cámaras los filmaban, y lo peor
era que la cinta recogía sus alaridos..."
Sin embargo, ya olvidamos aquello. Así
como ya no hablamos de las armas de destrucción masiva. Conforme
van saliendo a la luz los detalles de los esfuerzos desesperados
de Bush y Tony Blair por encontrar esas calamidades inexistentes,
ya no sé si reír o llorar. Los equipos móviles
de investigación de Estados Unidos lograron en algún
momento abrirse paso hasta un antiguo cuartel de la policía
secreta iraquí, en el cual encontraron una puerta interior
cerrada con candado, y detrás de ella pensaban encontrar
los horrores por los que los gobernantes Bush y Blair oraban. ¿Qué
fue lo que encontraron? Un vasto emporio de aspiradoras nuevas.
En la sede del partido Baaz, otro equipo,
encabezado por el mayor Kenneth Deal, creyó haber encontrado
documentos secretos que revelarían el programa armamentista
del derrocado Saddam Hussein. Los papeles resultaron ser una traducción
al árabe de La lucha por la supremacía en Europa,
de A. J. P. Taylor. Quizá Bush y Blair deberían leerla.
Así pues, mientras continuamos
bajando a tientas por la tambaleante escalera de nuestro propio
engendro, nos obligan a escuchar mentiras cada vez más grandes.
Iyad Allawi, el primer ministro títere -a quien muchos de
mis colegas reporteros todavía se refieren con deferencia
como "primer ministro interino"-, insiste en que se realizarán
elecciones en enero, aunque tiene menos control de la capital iraquí
(ya no se diga del resto del país) que el alcalde de Bagdad.
El ex agente de la CIA, que con obediencia se negó a liberar
a las tres prisioneras tan pronto como Washington le dio esas instrucciones,
se desplaza de Londres a Washington cada vez que se le convoca para
apoyar las mentiras de Blair-Bush.
Segunda guerra en Irak. Sí, como
no. ¿Cuánto más de esta versión engañabobos
vamos a tragarnos? Según lord Blair de Kut, combatimos en
"la encrucijada del terrorismo global". ¿Qué
debemos entender con semejante estupidez? Por supuesto, no nos dijo
que íbamos a tener una segunda guerra en Irak cuando ayudó
a empezar la primera, ¿verdad? Y tampoco se lo dijo a los
ciudadanos iraquíes, ¿o sí? No, fuimos a "liberarlos".
Recordemos, pues, la crisis previa a
la crisis anterior a la crisis. Remontémonos a noviembre
del año anterior, cuando nuestro primer ministro habló
en el banquete en honor del lord alcalde. La guerra en Irak, nos
informó entonces -y es de suponerse que todavía se
refería a la primera-, era "la batalla de importancia
seminal para el principio del siglo XXI".
Y vaya que lo ha sido. Pero escuchemos
otra cosa que lord Blair de Kut nos informó sobre la guerra:
"Definirá las relaciones entre el mundo musulmán
y Occidente. Influirá a profundidad en el desarrollo de los
estados árabes y de Medio Oriente. Tendrá implicaciones
de largo alcance para el futuro de la diplomacia estadounidense
y occidental". También eso se cumplió, aunque
no como él lo vislumbraba, ¿verdad? Porque es difícil
pensar en algo más profundamente peligroso para nosotros,
para Occidente, para Medio Oriente, para cristianos y musulmanes
por igual desde la Segunda Guerra Mundial -la verdadera segunda
guerra, claro- que la guerra de Blair en Irak.
Irak, recordémoslo, iba a ser
el modelo para todo Medio Oriente. Todo estado árabe aspiraría
a ser como él. Irak sería el catalizador -tal vez
incluso la "encrucijada"- del nuevo Medio Oriente. Ahórrense
las risitas huecas, por favor.
Me ha impactado ver cuántas de
las cartas de lectores que he recibido en días recientes
provienen de hombres y mujeres que combatieron en la Segunda Guerra
Mundial, los cuales exigen con indignación que no se permita
a Blair y Bush comparar el pantano en que nos han metido con la
verdadera lucha contra el mal que esos veteranos libraron hace más
de medio siglo.
"Tengo 90 años, y recuerdo
los hombres baldados de cuerpo y mente que pululaban por los caminos
del Gales rural, donde yo crecí en los años posteriores
a 1918", señala Robert Parry. "Por esta razón,
la frase Dulce et decorum est (2) , de Wilfred Owen, es para mí
la expresión que resume la realidad de la muerte en la guerra,
vuelta hoy más terrible por los bombardeos de precisión
de los estadounidenses y por los atacantes suicidas. Necesitamos
un nuevo Owen que nos abra la mente y la conciencia, pero mientras
no aparezca uno se debe dar espacio para que ese gran poema vuelva
a hacerse escuchar." Sería difícil encontrar
mejor respuesta a las pueriles tonterías que nuestro primer
ministro balbucea en estos días.
Tampoco en muchos años había
existido un abismo tan profundo -tanto en Estados Unidos como en
Gran Bretaña- entre el gobierno y el pueblo que lo eligió.
Las recientes declaraciones de Blair son discursos hechos, por citar
ese poema de Owen, "para niños ávidos de alguna
desesperada gloria".
Los ojos vendados del rehén británico Ken Bigley son
la más grande de nuestras crisis recientes. Pero no olvidemos
todo lo que ocurrió antes.
(1) En dicho lugar de Mesopotamia, en 1916, los británicos
fueron sitiados y derrotados por las tropas turcas.
(2) Es dulce y apropiado, título del poema, que recogía
la desilusión de los británicos después de la
Primera Guerra Mundial. La frase concluye con "morir por la patria".
Owen llama a esa frase "la vieja mentira" (N. del T.)
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Fuente: "La Jornada"
Original en "The Independent"
Traducción de Jorge Anaya.
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Enviado
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26 de septiembre de 2004
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