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* Envío
de SERPAL 284 - 04
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(...) La buena tierra Artigas
revive con la lluvia
habrá uvas y duraznos y vino
barro para amasar
muchachas con el rostro hacia las nubes
para que el chaparrón borre por fin las lágrimas (...)
( Mario Benedetti )
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Amigas, amigos,
El próximo domingo 31, los uruguayos concurrirán a
las urnas para elegir quienes serán sus gobernantes durante
los próximos cuatro años. Pero no son unas elecciones
más: es muy posible que por primera vez en la historia del
país, un socialista, el Dr. Tabaré Vázquez,
sea quien asuma el cargo el 1º de marzo del 2005. Tras un lento
pero continuo proceso político de acumulación, el
Frente Amplio - Encuentro Progresista, puede ganar y está
dispuesto a ejercer las funciones de gobierno y aplicar sus proyectos
transformadores.
Estos comicios se desarrollarán en un momento y un entorno
especial del mundo y del continente. En Brasil, Venezuela y Argentina,
se desarrollan procesos políticos que tienen matices diferentes,
pero también significativos puntos de convergencia. Todos,
hasta los más impacientes, saben que las condiciones para
desarrollar los cambios que anhelan las mayorías de sus ciudadanos
no son las mejores, y Uruguay no será la excepción.
Pero una victoria del Frente significará un impulso a las
corrientes que en todo el continente promueven un cambio profundo,
el impulso de políticas sociales y educativas, la búsqueda
de un reparto más equitativo de la riqueza, y la posibilidad
de fortalecer bloques regionales que rompan la dependencia y el
"alineamiento automático" con los gobiernos de
los Estados Unidos.
Nadie puede ser indiferente a este proceso en ciernes en el "paisito".
Cordialmente,
SERPAL , Servicio de Prensa Alternativa.
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>> Uruguay,
el cambio que viene
por Carlos Iaquinandi Castro, Redacción de SERPAL
Uruguay, ese pequeño y entrañable
país sudamericano vive los días finales de la campaña
electoral que puede implicar un vuelco profundo en su historia política.
El "paisito", como suele denominársele, tiene una
superficie territorial de poco más de 176.200 kms. cuadrados
donde viven casi tres millones y medio de habitantes. Está
situado entre dos de los más extensos e importantes países
sudamericanos: Brasil y Argentina. Por su situación y dimensiones,
ha sido siempre influido por sus grandes vecinos.
Pero el futuro acontecimiento electoral tiene su historia propia
- y su raíz- en las contradicciones internas del último
medio siglo de vida. Quizás esté llegando a su fin
la larga crisis que en los últimos años expulsó
fuera de sus fronteras a millares de uruguayos que intentaron encontrar
su futuro en otras tierras. Crisis donde se combinaron la ineficacia
de los gobiernos y la aplicación de las devastadoras políticas
neoliberales.
La larga marcha del Frente Amplio
Uruguay se encuentra en el umbral de un posible cambio político,
que de concretarse, significará la ruptura con el ancestral
relevo gubernamental entre las dos tradicionales formaciones políticas,
"Colorados" y "Blancos". Nacidas éstas
con la propia historia de la Banda Oriental y a partir de los caudillos
Rivera y Oribe, se alternaron desde entonces y hasta nuestros días
en el ejercicio de gobernar, ya sea por vía constitucional
o por regímenes dictatoriales. Pero la crisis a finales de
los años 50, generó en la década siguiente
el surgimiento de corrientes sociales transformadoras que rápidamente
se acoplaron a las luchas revolucionarias que se extendieron por
el continente. El Movimiento de Liberación Nacional "Tupamaros"
y otras organizaciones menores intentaron los cambios por la vía
armada.
Los reclamos de cambios profundos en las estructuras políticas
y sociales del país, derivaron en 1973 en una dictadura militar,
que contó con la complicidad de muchos dirigentes de los
partidos tradicionales. La represión política y social
se orientó especialmente hacia los grupos y movimientos de
izquierda y sindicales. Entre ellos, todos los que integraban el
Frente Amplio, entonces recientemente constituido con el aporte
de distintas vertientes de la izquierda. Las Fuerzas Armadas, ejecutaron
la "Doctrina de la Seguridad Nacional" elaborada en Estados
Unidos, un plan sistemático para descabezar y anular toda
disidencia, desde la más frontal hasta la mas tibia. Incluso
formaron parte activa de la Operación Cóndor, un acuerdo
de las dictaduras de Argentina, Chile, Bolivia, Brasil y Paraguay
para el asesinato de los opositores en cualquier país del
cono sur de América.
Casi doce años se prolongó el régimen represivo,
durante el cual, los millones de uruguayos fueron "clasificados"
en tres categorías "A", "B" y "C",
según el grado de "peligrosidad social" que les
asignaban las "Fuerzas Conjuntas". Las principales organizaciones
sociales y sindicales fueron reprimidas. Varios de sus dirigentes
fueron asesinados ( incluso en el exilio ) y centenares fueron encarcelados.
Todos los sectores políticos vinculados con el Frente Amplio
fueron prohibidos y perseguidos.
En el año 1984, la ciudadanía uruguaya recupera en
parte el funcionamiento democrático. Los militares convocan
a elecciones generales para noviembre, pero impiden las candidaturas
de dos de los tres principales líderes políticos en
ese momento: Wilson Ferreira Aldunate del partido Nacional y el
General Líber Seregni del Frente Amplio; ambos son proscriptos.
En esas condiciones irregulares, es elegido José María
Sanguinetti, del partido Colorado.
Pero a partir de entonces, el Frente Amplio - esa amplia coalición
política de izquierda - inició una larga marcha de
acumulación social que le permitió primero ganar la
importante intendencia de Montevideo y después convertirse
en un serio aspirante en las elecciones generales.
En los primeros comicios libres tras la dictadura, el Frente obtuvo
más del 20 % de los votos, demostrando que la represión
no solo no le había debilitado, sino que le había
fortalecido. De allí en más fue aumentando su caudal
electoral. En las últimas elecciones realizadas - en 1999
- Tabaré Vázquez del Frente Amplio fue la opción
más votada en la primera vuelta, con más del 38 %
de los sufragios. Pasó a la definitoria segunda vuelta con
el siguiente más votado, Jorge Batlle del Partido Colorado.
Pero el Partido Nacional ( Blanco ) convocó a sus partidarios
a votar en la segunda vuelta por sus eternos rivales, los "colorados"
para evitar el triunfo de la izquierda. Y lo consiguieron; pero
a pesar de esa suma de votos apenas pudieron llegar al 52 %. Era
la evidencia de que Uruguay había cambiado profundamente
y la recomposición política dividía al país
en dos bloques, uno de ellos totalmente nuevo: la coalición
de izquierda Encuentro Progresista - Frente Amplio.
Octubre: el horizonte del cambio
El próximo 31 de octubre los ciudadanos uruguayos irán
a las urnas para elegir su nuevo gobierno. En internas realizadas
a fines de junio pasado, se definió el candidato único
por cada partido. Los "colorados" eligieron al ex ministro
del interior Guillermo Stirling. Los "blancos" al senador
Jorge Larrañaga. En cuanto a la izquierda, el esfuerzo intergeneracional
de los últimos 40 años por conseguir una profunda
transformación social, política y económica
en el país, cristalizó en la candidatura del Dr. Tabaré
Vázquez del Partido Socialista, esta vez representando a
más de 15 partidos o grupos políticos.
Una compleja y laboriosa arquitectura política elaborada
durante muchos años e inusual en América Latina, permitió
conformar la coalición que alberga diversos matices ideológicos.
Esta pluralidad representa una indudable riqueza social, pero es
también un difícil desafío para llevar adelante
una eventual gestión de gobierno si los resultados confirman
la victoria de la izquierda que pronostican las últimas encuestas.
Los mayores esfuerzos del Frente, están centrados en ganar
en la primera vuelta. Es muy difícil, pero no imposible:
las previsiones de las empresas encuestadoras coinciden en asignar
a la candidatura de Tabaré Vázquez, un respaldo superior
al 45 por ciento.
En el caso de que fuera necesaria una segunda vuelta porque el Frente
no supere el 50 por ciento, ésta se realizará el 28
de noviembre, y se dá por descontado que entonces, el rival
de Vázquez sería el "blanco" Jorge Larrañaga,
quien concentraría todos los votos dirigidos a impedir esa
expectativa de cambio en Uruguay. Pero aún así, es
muy probable que ni siquiera esa confluencia logre impedir la victoria
del Frente Amplio.
Unidad Programática
A diferencia de las fugaces y a veces insólitas alianzas
electorales que suelen producirse en países del continente,
el Frente Amplio tiene un programa común y varios congresos
realizados, el último en diciembre pasado. Ha logrado mantener
durante varias legislaturas el gobierno de la intendencia montevideana,
que resultó un verdadero "banco de pruebas" para
la coalición. Allí tuvieron que afrontar problemas
y contradicciones que muchas veces necesitaron soluciones pragmáticas
dolorosas. En ese duro aprendizaje, comprobaron que hay condicionantes
que limitan los poderes formales. Quizás por eso, el candidato
presidencial Tabaré Vázquez dijo al cerrar el último
congreso frenteamplista: "tenemos que desperezar la utopía
y tenemos que recrear la ilusión"; pero agregó
a continuación "aspirar a lo imposible es tan irresponsable
y reaccionario como resignarse a lo que hay".
En ese realismo preelectoral, la izquierda uruguaya también
se diferencia de las formaciones políticas del mismo signo
en otros países del continente. Recordemos que los principales
dirigentes sobrevivientes de los "Tupamaros" han sabido
utilizar la reflexión y la autocrítica, herramientas
a las que han sido poco afectos los líderes de organizaciones
similares de América Latina de los años 60 y 70. Por
todo eso, esta posibilidad de cambio excede las fronteras del "paisito".
La imperiosa necesidad de transformaciones estructurales en América
Latina tendrá seguramente en Uruguay una experiencia distinta
y atractiva.
Ojalá esos nuevos aires borren definitivamente la frase con
la que un montevideano cerraba su carta: "Y mientras tanto
la calle te sigue doliendo hondamente, porque vos palpás
miserias viejas y nuevas, en las `pilchas´ y en bocas desdentadas,
pero fundamentalmente en la tristeza de miradas donde falta la esperanza".
Tabaré Vázquez y la mayoría de los uruguayos
tienen por delante la difícil tarea de "desperezar la
utopía y recrear la ilusión". Y quienes creemos
en la imprescindible necesidad de cambios en A.Latina, la de acompañarles
solidariamente.
Carlos Iaquinandi Castro, redacción de SERPAL
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Enviado
por SERPAL, Servicio de Prensa Alternativa
e-mail: serpal@wanadoo.es
Página de SERPAL en Internet: www.serpal.info
10 de octubre de 2004
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